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RECUERDO La exactitud del pimiento

Cortando pimiento

Un detalle pequeño vuelve al presente un legado que es una manera de leer, preguntar, observar y nombrar

Ni un solo día he dejado de recordar a mi tata. Si la vida pasa triste, lo tengo presente; y si todo es alegría y el mundo me sonríe, lo mismo. Pienso en lo que diría si viera algo de lo que sucedió después de que se mandara a mudar para siempre, este noviembre que está por llegar, hace veintiún años.
En ocasiones me acuerdo de algún detalle, no de grandes hazañas y proezas, porque fue un hombre común, que pasó por el mundo de forma bastante regular, diría, con sus cosas, porque todos las tenemos, y sus convicciones, como el nacionalismo, la religión, la guitarra, y algunas ideas del hombre frente al poder que he guardado, no muy cultivadas tal vez, pero siempre presentes.
Hoy me estuve acordando de un detalle mínimo, una anécdota que pinta su amor por las palabras exactas. Un mediodía estábamos en la cocina de casa: él leía y yo picaba verdura para un guiso. En eso, me dice que hay gente que no le saca las semillas ni la partecita blanca al pimiento. ¿Ha visto que uno hace cosas sin saber por qué? Bueno, eso. Le dije que yo sí limpiaba bien el morrón. Me miró un momento y siguió leyendo el diccionario.
Creo que, si algo de él debo pasar a mis hijos, es el amor por la lectura de los buenos diccionarios. Que no es un aburrimiento, como muchos creen, y puede llegar a ser apasionante una vez que, como en una novela, se hacen inferencias de una palabra sobre otras, se extraen conclusiones y se observan las sucesivas deformaciones y vueltas y revueltas de un idioma tan rico como el español.
Hay que leer lápiz en mano y, si el libro es propio, anotar lo que se halla en el camino, no solamente para poner en claro las ideas, sino también para dejar mojones, para que los que lean después tengan de qué agarrarse. O se rían de nuestras macanas.
Contaba: al tiempo, estábamos de nuevo en la cocina, pero él cocinaba y yo leía. Cuando se puso a limpiar el pimiento, le dije: “¿Qué no era que no había que limpiarlo?”, mientras lo señalaba. Casi sin pensar, mecánicamente, respondió: “Yo he dicho que hay gente que no le saca esta parte, pero no que no se debe hacerlo”.
¿No dije? Era preciso, exacto con las palabras.
Juan Manuel Aragón
A 25 de octubre del 2026, en La María. Mirando estrellas.
Ramírez de Velasco®

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