![]() |
| Frente de la Casa de los Taboada |
Las redes se llenan de lamentos por la Casa Tahuil, y Santiago cambia de cara sin pedir permiso a nadie
Reclaman una ciudad que ya no existe, desaparecida antes de que ellos nacieran. La que conocieron sus padres tampoco era la misma que habían conocido sus abuelos. No hay una sola cuadra de Santiago en la que todo siga siendo como ayer. Los viejos vecinos se han muerto, los hijos han vendido la casa y, después de repartirse la plata, han ido a poblar otros barrios. Así, cada una de las ciudades se edifica sobre los restos de otras anteriores, levantadas a su vez sobre el barro de otras que hoy serían irreconocibles. En todas es lo mismo. Casi siempre una vecina de buen corazón y tino chanfleado avisa que le gustaría que no demuelan tal o cual casa porque "es parte de la identidad del vecindario", mire usté. Como si la memoria de los viejos fuera el único sostén de los edificios de un lugar que vive en su memoria y en ningún otro lado.Nadie levantó un dedo para señalar qué se podría haber hecho en la casa que fuera de los Taboada. El tiempo la había convertido en un sueño de escombros, desparramados en medio de un matorral infame. Era menos que tapera cuando el gobierno la transformó en un coqueto y moderno edificio, al que incorporó incluso elementos de un pasado imaginario de los santiagueños, como guiño a los nostálgicos.Ahora van por la llamada Casa Tahuil. Otro rincón de la ciudad que querrían dejar intacto. A trescientos metros de la plaza Libertad se levanta el último edificio que pretenden conservar algunos adoradores de lo viejo. Teclean sus añoranzas en Feibu, Instagram, Twitter, los anteúltimos muros de opinión para pintarrajear la ciudad. No les tira la historia como estudio crítico del pasado, sino como la fuerza irresistible de los años que se les han ido. Es algo personal, de muchos, pero personal, ¿entiende? Es el "pero qué barbaridad, che", elevado a la categoría de sorda protesta ciudadana. Dicen: "¿Dentro de poco vamos a pasar por la Urquiza y no va a estar la Casa Tahuil?". Pero la pregunta se podría dar vuelta: "¿Para qué la quiere usted?, ¿para saber que su mundo imaginario sigue en el mismo lugar?".
Las ciudades son víboras que se mueven al compás de las nuevas construcciones, reformas, vecinos que se mudan, comercios que abren. Cómo decirle, amiga, un techito por allá, una nueva pintura por aquí, el edificio que construyen en la otra cuadra, su hijo que ahora alquila un departamento. El techito fue una necesidad, la pintura coquetería, el edificio inversión y su hijo creció y se mandó a mudar, a vivir con la novia. ¿Usté quiere que la Casa Tahuil vuelva a ser habitada por los primitivos dueños? Entonces vaya, voltee el techito que hizo el vecino, despíntele la pared, tire abajo el edificio y devuélvale a su hijo la infancia. Lo demás son palabras que ni siquiera se lleva el viento: quedan en las lucecitas de su teléfono cuando pone: "Qué barbaridad". Y es feliz porque cree haber cumplido su deber.
Juan Manuel Aragón
A 2 de noviembre del 2026, en Güemes. Alentando al equipo.
Ramírez de Velasco®



Comentarios
Publicar un comentario