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Mostrando las entradas etiquetadas como Rencor

BARRIO Doña Dorna

Ilustración Los recuerdos de una calle vuelven muchos años después con sus voces y las costumbres de otro tiempo Era milagrosa doña Dorna, la de la esquina, la madre de Pedrito y de la Gaby. Mucho después, cuando nos cruzábamos los viejos vecinos, coincidíamos todos en que ninguno la había conocido joven. Parecía que había nacido con la cabeza mora y de lejos ya se veía que la belleza no había pasado por su puerta. A veces, cuando la cruzábamos por la calle, mi madre nos obligaba a que la saludáramos con un beso porque era pariente de unos parientes. Pero no nos gustaba, pinchaba la cara con los bigotes. Ahora, cuando paso por lo que era mi casa, veo que no todo sigue como era entonces. Todo ha cambiado, salvo la casa de doña Dorna: la pared con el revoque descascarado, la puerta más desvencijada y una ventana de color indefinido que quizás solo se abra los días de fiesta, pero nunca me animo a preguntar si vive alguien o está deshabitada. Pedrito hizo el Servicio Militar en Curuzú Cua...

SOMBRAS El amor bajo vigilancia

Fingida indiferencia, de Raúl Cisterna Cada salida a la calle terminaba convertida en un interrogatorio, y hasta una sonrisa despertaba sospechas y resentimientos Ahora que todo ha pasado, recuerdo aquella novia celosa hasta de la sombra que me tocaba. En un pueblo chico como Santiago, salir a la calle era una atroz experiencia de recriminaciones, riñas, peleas, discusiones. Eso que no era un galán ni un Donjuán. Al principio me gustaron esos reclamos, hasta que subieron de tono y al final se hicieron inaguantables. —¿Quién es esa que has saludado? —preguntaba. —Una compañera de trabajo —respondía. —¿Así saludan las compañeras de trabajo? —volvía a la carga. Me hacía el tonto: —¿Así cómo? Insistía: —Con esa sonrisa, como si pasara algo entre ustedes. Entonces solía mirarla fijamente a los ojos y guardar silencio, para que se diera cuenta de su exabrupto. Ella lo tomaba de otra manera y lanzaba el repetido: —El que calla otorga. Una sorda animadversión me creció, haciendo que mis pensam...