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| "Baile", de Raúl Cisterna |
El chaquipara reunía a las familias alrededor de una música sencilla, golpes de talón y deseos de agua
Hace más de 50 años que no voy por ciertos lugares de Santiago, tengo miedo de comprobar que desaparecieron y no volverán nunca más. Solía recorrerlos solitario, de a caballo, tratando de guardar en la memoria los detalles, sabiendo que muchos se perderían para siempre. Apareció en una vieja revista que se editaba en Pozo Hondo, Horizontes culturales, de la que salieron tres o cuatro números y les mandé un artículo. El otro día me topé con Ricardo Varas, que supo ser redactor de aquel emprendimiento periodístico. De manera generosa me regaló el número 2 de la publicación para que a mi vez lo diera a conocer a mis lectores.
Ahí les va.
¿Ha oído hablar del chaquipara? Es una celebración propia de Cachihuasi, Pampa del Loro, Horcón Cáido, Pishckomoto, pequeños caseríos del borde de este departamento, justo en el límite con Pellegrini. Es un baile que, según calculan, nació a fines del siglo XIX o principios del XX, quizás. Durante las largas sequías, los paisanos y sus familias se reunían para llamar a la lluvia con una danza improvisada, en la que pegaban el suelo con fuerza con el pie. De ahí viene su nombre, ya que, como lo saben todos, "chaqui", en quichua significa pie y "para" es lluvia.Ambrosio Juárez, vecino de Pishckomoto, sostiene que se llamaba así porque "golpiamos para hacerle acordar al agüita que aquí estamos, que venga, la necesitamos". La danza se popularizó en las fiestas patronales del Niño Dios, que celebran cada 5 de enero a la noche, recordando que al día siguiente los Reyes Magos lo visitarían en el pesebre. Dejó de bailarse cuando los maestros de la escuela llevaron grabaciones del folklore santiagueño y dijeron que era el verdadero, no lo que creían hasta entonces los viejos del lugar.
Vale la pena describir este baile de parejas sueltas. La música es un ritmo vivo, intermedio entre la chacarera y el escondido, con caja o bombo acompañando un violín o un acordeón. Tiene un compás de 6 por 8 acelerado. Al comienzo, todos se enfrentan y avanzan y retroceden marcando el "chaqui-chaqui" con taconeos secos. Luego llega el zapateo del hombre, fuerte y enérgico, mientras la mujer gira suavemente a su alrededor, levantando apenas la pollera. Al terminar cada ciclo, ambos se miran y chocan suavemente los hombros, en un gesto de pícara complicidad.
Hombres y mujeres forman después un gran círculo, van hacia el centro con el mismo paso y retroceden. Ahí se cruzan y vuelven a sus lugares. Para terminar, todos se toman de las manos, avanzan levantando los brazos para adelante y retroceden bajándolos. El baile concluye con un fuerte golpe de talón y el grito colectivo: "¡Chaqui-chaqui, lluvia!".
En las versiones más antiguas todavía se usan botas de cuero, pero también se suelen usar alpargatas, porque, como dicen "hasta descalzo baila el paisano si le gusta la partida".
¿Ha oído hablar del chaquipara? Es una celebración propia de Cachihuasi, Pampa del Loro, Horcón Cáido, Pishckomoto, pequeños caseríos del borde de este departamento, justo en el límite con Pellegrini. Es un baile que, según calculan, nació a fines del siglo XIX o principios del XX, quizás. Durante las largas sequías, los paisanos y sus familias se reunían para llamar a la lluvia con una danza improvisada, en la que pegaban el suelo con fuerza con el pie. De ahí viene su nombre, ya que, como lo saben todos, "chaqui", en quichua significa pie y "para" es lluvia.Ambrosio Juárez, vecino de Pishckomoto, sostiene que se llamaba así porque "golpiamos para hacerle acordar al agüita que aquí estamos, que venga, la necesitamos". La danza se popularizó en las fiestas patronales del Niño Dios, que celebran cada 5 de enero a la noche, recordando que al día siguiente los Reyes Magos lo visitarían en el pesebre. Dejó de bailarse cuando los maestros de la escuela llevaron grabaciones del folklore santiagueño y dijeron que era el verdadero, no lo que creían hasta entonces los viejos del lugar.
Vale la pena describir este baile de parejas sueltas. La música es un ritmo vivo, intermedio entre la chacarera y el escondido, con caja o bombo acompañando un violín o un acordeón. Tiene un compás de 6 por 8 acelerado. Al comienzo, todos se enfrentan y avanzan y retroceden marcando el "chaqui-chaqui" con taconeos secos. Luego llega el zapateo del hombre, fuerte y enérgico, mientras la mujer gira suavemente a su alrededor, levantando apenas la pollera. Al terminar cada ciclo, ambos se miran y chocan suavemente los hombros, en un gesto de pícara complicidad.
Hombres y mujeres forman después un gran círculo, van hacia el centro con el mismo paso y retroceden. Ahí se cruzan y vuelven a sus lugares. Para terminar, todos se toman de las manos, avanzan levantando los brazos para adelante y retroceden bajándolos. El baile concluye con un fuerte golpe de talón y el grito colectivo: "¡Chaqui-chaqui, lluvia!".
En las versiones más antiguas todavía se usan botas de cuero, pero también se suelen usar alpargatas, porque, como dicen "hasta descalzo baila el paisano si le gusta la partida".
Chaquipara
A la sombra de unos talas
me´i puesto a pensar en vos,
sabiendo que en este pago
nos cuida el Niñito Dios.
Tienen tus ojos el brillo
de la luna en el sauzal,
y una dulzura del monte
como la miel del panal.
El viento trae de lejos
el perfume del poleo,
y en el pecho se me encienden
las ganas, porque te veo.
(En esta parte los viejos se codeaban y las viejas solían reírse)
me´i puesto a pensar en vos,
sabiendo que en este pago
nos cuida el Niñito Dios.
Tienen tus ojos el brillo
de la luna en el sauzal,
y una dulzura del monte
como la miel del panal.
El viento trae de lejos
el perfume del poleo,
y en el pecho se me encienden
las ganas, porque te veo.
(En esta parte los viejos se codeaban y las viejas solían reírse)
Nació solito este amor
como la flor del cardón,
soportando las secas
con el firme corazón.
Si me voy por los caminos
siguiendo alguna ilusión,
te llevo guardada siempre
prendida en una canción.
No me hace falta guitarra
ni caballo parejero,
ni sulky para llevarte
ni mistol en el sombrero.
La noche se pone linda
cuando empieza a amanecer,
así se llena mi vida
al sentirte mi mujer.
como la flor del cardón,
soportando las secas
con el firme corazón.
Si me voy por los caminos
siguiendo alguna ilusión,
te llevo guardada siempre
prendida en una canción.
No me hace falta guitarra
ni caballo parejero,
ni sulky para llevarte
ni mistol en el sombrero.
La noche se pone linda
cuando empieza a amanecer,
así se llena mi vida
al sentirte mi mujer.
Que cante el violín sachero
la dicha que siento hoy,
que sepan en todo el pago
que enterito tuyo soy.
Chaquipara, chaquipara,
llevale este verso fiel,
que no hay en toda la tierra
amor que no sepa a miel.
Aquí todos gritaban: "¡Lluvia…! ¡lluvia…!"
A veces, al poquito tiempo llovía nomás. A veces no.
Y eso era todo.
Juan Manuel Aragón
A 10 de octubre del 2026, en Tuna Huajcha. Cazando ucuchas.
Ramírez de Velasco®
la dicha que siento hoy,
que sepan en todo el pago
que enterito tuyo soy.
Chaquipara, chaquipara,
llevale este verso fiel,
que no hay en toda la tierra
amor que no sepa a miel.
Aquí todos gritaban: "¡Lluvia…! ¡lluvia…!"
A veces, al poquito tiempo llovía nomás. A veces no.
Y eso era todo.
Juan Manuel Aragón
A 10 de octubre del 2026, en Tuna Huajcha. Cazando ucuchas.
Ramírez de Velasco®



Bastante imaginación tenían los de la revista para inventarse el nombre del pueblo, que no?
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