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| La madre y los hijos, secuestrados, torturados y asesinados |
Cuando terroristas palestinos se llevaron de rehenes a niños, mujeres y hombres sólo para gozar con su sufrimiento
¿Qué es un anacronismo? Un caso práctico es como que usted desea a una mujer que encuentra en la calle, la toma de los pelos y la lleva a su casa para hacerla suya. O lo que es lo mismo: un elemento de un tiempo histórico en otro al que no corresponde. El ejemplo clásico es una persona de la Edad Media usando un reloj pulsera o piloteando un avión a chorro.El 7 de octubre de 2023, a las 6 y media de la mañana, comenzó uno de los más grandes anacronismos violentos de nuestro tiempo. Fue un ataque de la Edad de Piedra en un país moderno. Fue el último documentado, al menos. Ese día, hordas de forajidos de Hamás, organización terrorista gazatí, entraron a sangre y fuego en pueblos israelíes, mataron e hirieron a quienes encontraron en el camino, cometieron violaciones, asesinaron niños a sangre fría y, al huir, se llevaron como rehenes a todos los que pudieron.—Oiga, ¿por qué dice que fue un ataque como los de la Edad de Piedra, si entraron en motocicletas y camionetas, llevaban fusiles automáticos y se comunicaban por teléfonos celulares?
—Ahí está el asunto.
A unos los mataron, violaron y torturaron en el lugar. Y se llevaron vivos a otros hacia Gaza. Aunque eventualmente hubo pedidos de rescate y negociaciones, el sufrimiento de los cautivos y sus familias formó parte del mecanismo del ataque. Provocaron incendios, destruyeron cuanto pudieron, pero no fueron detrás de un botín. Tampoco tenían algo personal contra la mayoría de esos israelíes: de hecho, a casi todos fue la primera vez que los vieron. La violencia no estaba dirigida a obtener algo de sus víctimas, sino a provocarles dolor. Dolor por el dolor mismo, por el placer de contemplar cómo sufría el otro.
De alguna manera, lo que vino después fue peor.
—Oiga, es más o menos como que, después de matar a algunos miembros de su familia, don, unos delincuentes se llevan a sus hijos. Usted se va a desesperar e irá con lo que tenga a mano a rescatarlos. Si en el camino debe remover, piedra por piedra, y hacer polvo la casa del bandido para encontrar a sus seres queridos, lo hará.
Pero, al parecer, muchos en el mundo esperaban que los israelíes se sentaran frente al televisor a ver cómo hacía su gobierno para traer de vuelta a sus ciudadanos de una manera pacífica, buenamente, usando la persuasión, las artes de la diplomacia y la suavidad. No. Sabían a lo que se enfrentaban y entraron a sangre y fuego a Gaza, en procura de llevar de vuelta a casa hasta el último de sus hijos. Lo mismo que hubiera hecho usted.
Y sí, a unos cuantos los canjearon por presos palestinos, entre ellos condenados por delitos graves y miembros de organizaciones terroristas. Fue entonces cuando Israel comprobó hasta qué punto el conflicto había adquirido una dimensión internacional. La Cruz Roja quedó expuesta a situaciones en las que, del lado gazatí, se montaron verdaderos espectáculos antes de algunas entregas, pareció que eran cómplices. Además, investigaciones posteriores señalaron la participación de empleados de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo en los ataques del 7 de octubre. Es decir, la Organización de las Naciones Unidas estuvo ahí con una ametralladora en la mano y entró a Israel de forma violenta. En este caso no fue cómplice sino partícipe activa.
Y, ¡cuándo no!, la izquierda de varios países aprovechó para montar un lastimoso espectáculo, supuestamente pacifista y de muy buenas intenciones, que terminó concentrando buena parte de sus ataques políticos en Israel. Oiga, hay sectores del mundo árabe que no consideran que Israel deba existir y sostienen la consigna de que debe desaparecer del territorio comprendido entre el río y el mar. No es una discusión sobre fronteras, ni siquiera sobre un gobierno determinado un territorio acotado: para algunos, el problema es la existencia misma del Estado. Para quienes sostienen esa posición, deben dejar de existir los israelíes, al menos en el espacio que va del río Jordán al mar Mediterráneo.
Desde lo alto de la montaña de su estatura moral, defienden o justifican el ataque de un grupo de neandertales que entra en poblados vecinos sólo porque los odia, porque quiere que sus habitantes desaparezcan y porque considera legítimo convertir al enemigo en presa de caza. Y lo de exigir su retirada “del río al mar”, es lo mismo que decir, en la Argentina, de Ushuaia a La Quiaca.
La ciencia avanza. Los teléfonos son más rápidos, las armas más precisas, los vehículos más veloces. Pero debajo de todo eso late la misma idea vieja: matar al vecino, incendiarle la casa, llevarse a sus hijos y hacer de su sufrimiento un espectáculo. Faltó que bailaran bajo las antorchas.
Eso es un anacronismo. ¿Entiende?
Juan Manuel Aragón
A 7 de octubre del 2026, en la Jujuy y Perú. Comprando calditos.
Ramírez de Velasco®
—Ahí está el asunto.
A unos los mataron, violaron y torturaron en el lugar. Y se llevaron vivos a otros hacia Gaza. Aunque eventualmente hubo pedidos de rescate y negociaciones, el sufrimiento de los cautivos y sus familias formó parte del mecanismo del ataque. Provocaron incendios, destruyeron cuanto pudieron, pero no fueron detrás de un botín. Tampoco tenían algo personal contra la mayoría de esos israelíes: de hecho, a casi todos fue la primera vez que los vieron. La violencia no estaba dirigida a obtener algo de sus víctimas, sino a provocarles dolor. Dolor por el dolor mismo, por el placer de contemplar cómo sufría el otro.
De alguna manera, lo que vino después fue peor.
—Oiga, es más o menos como que, después de matar a algunos miembros de su familia, don, unos delincuentes se llevan a sus hijos. Usted se va a desesperar e irá con lo que tenga a mano a rescatarlos. Si en el camino debe remover, piedra por piedra, y hacer polvo la casa del bandido para encontrar a sus seres queridos, lo hará.
Pero, al parecer, muchos en el mundo esperaban que los israelíes se sentaran frente al televisor a ver cómo hacía su gobierno para traer de vuelta a sus ciudadanos de una manera pacífica, buenamente, usando la persuasión, las artes de la diplomacia y la suavidad. No. Sabían a lo que se enfrentaban y entraron a sangre y fuego a Gaza, en procura de llevar de vuelta a casa hasta el último de sus hijos. Lo mismo que hubiera hecho usted.
Y sí, a unos cuantos los canjearon por presos palestinos, entre ellos condenados por delitos graves y miembros de organizaciones terroristas. Fue entonces cuando Israel comprobó hasta qué punto el conflicto había adquirido una dimensión internacional. La Cruz Roja quedó expuesta a situaciones en las que, del lado gazatí, se montaron verdaderos espectáculos antes de algunas entregas, pareció que eran cómplices. Además, investigaciones posteriores señalaron la participación de empleados de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo en los ataques del 7 de octubre. Es decir, la Organización de las Naciones Unidas estuvo ahí con una ametralladora en la mano y entró a Israel de forma violenta. En este caso no fue cómplice sino partícipe activa.
Y, ¡cuándo no!, la izquierda de varios países aprovechó para montar un lastimoso espectáculo, supuestamente pacifista y de muy buenas intenciones, que terminó concentrando buena parte de sus ataques políticos en Israel. Oiga, hay sectores del mundo árabe que no consideran que Israel deba existir y sostienen la consigna de que debe desaparecer del territorio comprendido entre el río y el mar. No es una discusión sobre fronteras, ni siquiera sobre un gobierno determinado un territorio acotado: para algunos, el problema es la existencia misma del Estado. Para quienes sostienen esa posición, deben dejar de existir los israelíes, al menos en el espacio que va del río Jordán al mar Mediterráneo.
Desde lo alto de la montaña de su estatura moral, defienden o justifican el ataque de un grupo de neandertales que entra en poblados vecinos sólo porque los odia, porque quiere que sus habitantes desaparezcan y porque considera legítimo convertir al enemigo en presa de caza. Y lo de exigir su retirada “del río al mar”, es lo mismo que decir, en la Argentina, de Ushuaia a La Quiaca.
La ciencia avanza. Los teléfonos son más rápidos, las armas más precisas, los vehículos más veloces. Pero debajo de todo eso late la misma idea vieja: matar al vecino, incendiarle la casa, llevarse a sus hijos y hacer de su sufrimiento un espectáculo. Faltó que bailaran bajo las antorchas.
Eso es un anacronismo. ¿Entiende?
Juan Manuel Aragón
A 7 de octubre del 2026, en la Jujuy y Perú. Comprando calditos.
Ramírez de Velasco®



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