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| Antonio Caggiano |
El 23 de octubre de 1979 muere Antonio Caggiano, cardenal católico, arzobispo de Buenos Aires y primer obispo de Rosario
El 23 de octubre de 1979 murió Antonio Caggiano en Buenos Aires. Fue cardenal de la Iglesia católica, arzobispo de Buenos Aires durante dieciséis años y el primer obispo de Rosario. Había nacido en Coronda, Santa Fe, el 30 de enero de 1889, se ordenó sacerdote en 1912 y desarrolló una extensa trayectoria pastoral y eclesiástica que incluyó la organización de la Acción Católica Argentina, el vicariato castrense, el Concilio Vaticano II y la conducción de la Iglesia porteña. Fue creado cardenal por Pío XII en 1946 y murió a los 90 años.
Entró en 1901 al Seminario Conciliar de Santa Fe y en 1906 fue enviado a Roma para continuar su formación en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano. Allí estudió Filosofía y Teología y obtuvo sus grados académicos. El 23 de marzo de 1912 recibió la ordenación sacerdotal y regresó a la Argentina para comenzar una larga actividad dedicada a la parroquia, la enseñanza y la formación del clero.
Entre 1913 y 1931 ejerció distintas tareas pastorales y docentes. Fue párroco en San Carlos Norte, capellán del Hospital de Caridad de Rosario y profesor del Seminario de Santa Fe. Durante esos años también participó en la organización del movimiento de Acción Católica, cuya estructura nacional comenzó a desarrollarse formalmente en 1931. Caggiano quedó ligado desde entonces a la formación de dirigentes y a la actividad pastoral de los laicos católicos.
La diócesis de Rosario, creada por Pío XI en 1934, recibió a Caggiano como su primer obispo. La consagración episcopal tuvo lugar el 17 de marzo de 1935. Durante su gobierno diocesano promovió la creación de parroquias, templos y establecimientos educativos, y en 1939 abrió sus puertas el Seminario San Carlos Borromeo, destinado a la formación de sacerdotes. Permaneció al frente de Rosario durante casi un cuarto de siglo.
La relación con las Fuerzas Armadas también ocupó un lugar destacado en su trayectoria. Durante 1933 y 1934 había ejercido como vicario general del Ejército Argentino y, posteriormente, mantuvo responsabilidades vinculadas con la atención pastoral de los militares. Esa función adquiriría una nueva dimensión en 1959, cuando fue designado vicario castrense, cargo que conservó hasta su retiro de la conducción del arzobispado porteño.
El papa Pío XII lo creó cardenal el 18 de febrero de 1946 y le asignó como iglesia titular San Lorenzo in Panisperna, en Roma. Caggiano pasó así a integrar el Colegio Cardenalicio argentino y participó posteriormente en los cónclaves de 1958 y 1963. En 1959, Juan XXIII lo trasladó desde Rosario a Buenos Aires, donde tomó posesión canónica el 25 de octubre y sucedió al cardenal Santiago Luis Copello.
Al frente de la arquidiócesis porteña organizó en 1960 la Gran Misión de Buenos Aires, desarrollada simultáneamente con un Congreso Mariano. Durante aquellos años también ejerció responsabilidades nacionales dentro de la Iglesia argentina y fue presidente de la Conferencia Episcopal. Su período coincidió con importantes transformaciones religiosas y sociales, entre ellas el desarrollo del Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965.
La participación en el Concilio Vaticano II ocupó cuatro años de su trayectoria. Como padre conciliar intervino en las sesiones celebradas entre 1962 y 1965 y, en distintas ceremonias, representó al papa como legado. El proceso conciliar produjo cambios importantes en la Iglesia católica y abrió un período de transformaciones litúrgicas, pastorales y organizativas que también alcanzaron a la Iglesia argentina.
En 1966 solicitó dejar el gobierno de la arquidiócesis debido a su edad, pero Pablo VI no aceptó entonces su renuncia. El Pontífice dispuso que continuara al frente de Buenos Aires y designó como coadjutor con derecho a sucesión a Juan Carlos Aramburu. La renuncia quedó finalmente aceptada en 1975, cuando Caggiano pasó a ser arzobispo emérito. También dejó entonces sus otras responsabilidades episcopales.
El 23 de octubre de 1979 murió en Buenos Aires, a los 90 años. El Vaticano registró oficialmente ese día el fallecimiento del cardenal y arzobispo emérito de Buenos Aires, y seis días después Juan Pablo II recordó su muerte durante el encuentro con los obispos argentinos que realizaban la visita ad limina Apostolorum. Las honras fúnebres se realizaron en la Catedral Metropolitana, donde fueron sepultados sus restos.
Ramírez de Velasco®

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