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| El viejo caudillo |
Santiago buscaba futuro, y eligió al Viejo, rodeado de reverencias, adulones, consignas antiguas y solemnidades vacías
Acabo de toparme de nuevo con una frase de Carlos Marx, en "El 18 brumario de Luis Bonaparte". Usted la ha oído: "Hegel observa en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Se olvidó de añadir: la primera vez como tragedia y la segunda como farsa". Bueno, algo así les sucedió a los santiagueños, una y otra vez, una y otra vez, al reelegir a Carlos Arturo Juárez como gobernador de la provincia. No aprendíamos, eso que el Viejo era, en cada nueva ocasión, más caricaturesco y grosero que en la anterior. Como si hubiéramos gozado del infortunio colectivo de tropezar con la misma piedra.La primera vez no había ninguna universidad, la segunda estaban en plena formación. Pero cuando volvió por tercera vez, en 1983, ya había varias camadas de profesionales recibidos en estas tierras. Eran —son— profesionales formados para entender en profundidad los problemas de Santiago del Estero, especialistas que conocían cabalmente el valor y las posibilidades de esta tierra. Pero no hubo entre ellos ninguno que se animara, no solamente a denunciar la estultez de un régimen perimido y atroz, sino también las payasadas con las que finalmente consiguió que lo votaran. Hubo unos pocos, sí, pero lo hacían en nombre de ideologías anacrónicas, como el socialismo, que hubieran vuelto a la sociedad a la Edad de Piedra más rápido que inmediatamente, como es su costumbre. Una gran mayoría se resignó a optar por alguna de las propuestas que se ofrecían como nuevas, pero todas tenían más de cincuenta años en ese entonces.En la última elección de hacha y tiza del siglo XX, una de sus consignas sonaba más a amenaza que a otra cosa: "¡Juárez vuelve!", repetido hasta el hartazgo en la radio, en la televisión, en los camioncitos propaladores, con un énfasis propio de espíquer de los años 30. Y transitábamos la mitad de la década del 90. No es tan grave que alguien proponga un regreso al pasado como una manera de marchar al futuro, lo jodido es que una mayoría lo crea y un domingo cualquiera, el 6 de julio de 1995, vaya y le ponga el voto. Está bien, usted dirá que la otra opción era un oscuro capanga de la intervención federal que por ese entonces gobernaba la provincia, más otros satélites que siempre se presentan para justificar el sistema solar.
Lo curioso es que no hubo otra propuesta mejor que ese salto al pasado que ofrecía el peronismo más rancio, es decir podrido. Y de pronto estaban en el mando tres hombres, que si les sumaban las edades se llegaba al menos hasta la fundación de Santiago. Durante esa misma campaña de 1995 dijo que lo acompañarían las "Quijotes con falda", aludiendo a una rama femenina, dirigida por su temida esposa que impondrían el régimen de una corte de adulones, al estilo de las peores monarquías absolutistas tardías de la Europa de fines del siglo XVIII.
Hubo que aprenderse las reverencias y nombrarlos siempre como "Su excelencia, el señor gobernador de Santiago del Estero, el doctor Carlos Arturo Juárez y su Señora esposa, doña Mercedes Marina Aragonés de Juárez". Dicho de pie y sin respirar en el medio, so pena de ser excluido de la vida cívica. Como se sabe, los peronistas han hecho carne el dicho "para los enemigos ni justicia", como lo sabían quienes transgredían las normas Iso9000 del juarismo. Hubo quienes "cayeron en desgracia", tal como en la corte de Luis XV, el Rey Sol, que proclamaba "L’État, c’est moi" (El Estado soy yo).
A muchos no les caía un mínimo atisbo de sonrisa cuando proclamaba: "¡¡¡Yooo!!!, ¡¡¡Carlos Arturo Juárez!!!". No solo eso, después lo aplaudían a rabiar. Y el resto miraba la comparsa con más seriedad que un Vía Crucis de Viernes Santo. Al recordar aquellos tiempos, quizás valdría la pena pensar que Marx no nos tuvo en cuenta. Aquí la historia no se repitió dos veces: la repetimos nosotros, con entusiasmo, aplausos y el voto en la mano, dispuestos a votarlo hasta que se hiciera momia.
Juan Manuel Aragón
A 9 de septiembre del 2026, en Leblon. Conversando con amigos.
Ramírez de Velasco®


Habrá quienes crean, posiblemente la mayoría, que el artículo es una crítica al nefasto líder. A no equivocarse, esto es una clara semblanza de la idiosincracia santiagueña, que se manifiesta en todos los órdenes, desde la fundación hasta nuestros días.
ResponderEliminarSantiago del Estero, pueblo fácil de domesticar. Ahora embelesados con el de turno, por otros 50 o más años
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