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| "Chisme", de Raúl Cisterna |
Una historia nacida en una visita empezó a circular hasta convertirse en asunto conocido por todo el pueblo
Después de mucho andar, se reconstruyó la historia aquella que cuentan que comenzó la tarde que María Eugenia fue a tomar el té en lo de su prima Olinda, que se estaba por casar, y le pidió detalles, la otra le dijo que tenía un secreto secretísimo, que no tenía que avisar a nadie en el mundo, bueno, si me vas a contar, contame, y si no quieres, no me cuentes, pero no me tengas así, y después de que lo supo, Olinda corrió a decírselo a su madre, a pesar de lo que le había prometido, pero era su madre y en ese tiempo se confiaban todo, y doña Jacinta, la madre de la Olinda, esa noche se lo contó al marido, que al otro día, entre grandes risotadas, lo repitió en el club, cuyos socios se encargaron de difundirlo por todo el pueblo, más rápido que ligero, y la que se le armó a la pobre María Eugenia, porque vino el marido a reclamarle, y la madre le pedía por favor que hablara con un sacerdote o con alguien decente, y los hermanos anunciaron que en cuanto lo vieran al cuñado en la calle lo golpearían, porque esa no era forma de tratar a una dama, y todos se les reían y decían que ella era una tal por cual, imaginesé la boca de las comadres, capaz de aguantar eso, que ya nadie nombraba, pero todos daban por sabido que los otros estaban enterados.Y lo que pasa, porque llegan libros raros y el tren aporta lo suyo, y desde que se ha comenzado a oir esa música sensual, el tango, la juventud está perdida, y dónde vamos a ir a parar, ahora resulta que cualquier hija de vecina decente tiene que sufrir humillaciones, pues tal parece que a los dos días de sucedido aquello, para poner paños fríos al asunto, el flamante marido permitió que el cura de la Catedral fuera a bendecir la casa, y como quien no quiere la cosa, la habitación en la que se cometía, cómo se lo digo para no ser grosero con las damas que pueden estar oyendo, el pecado de que los esposos yacieran en concúbito marital todas las noches sin faltar ni una, porque eran recién casados, pero lo hacían como Dios los trajo al mundo, algo que, qué horror, no le parece.
Juan Manuel Aragón
A 19 de septiembre del 2026, en la calle Francia. Pedaleando la mañana.
Ramírez de Velasco®



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