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| "Libros y gustos", de Raúl Cisterna |
Un escritor quiere conocer la opinión de un amigo, pero esperaba algo distinto: historia de un sincericidio
Esta mañana en el café, un amigo me leyó un cuento que había escrito. Le señalé lo que era, a mi juicio, un pequeño gazapo: cuatro verbos juntos. Se enojó. Me dice: “Me parece que está bien”. Le digo: “Creo que está mal, pero me has pedido una opinión y te la he dado". Me dice: “¿Por qué no cuestionas el fondo del texto?’”. Le digo: “Porque no corresponde, es lo que piensas, es tu planteo, y con los argumentos no me meto”. Me dice: “No me parece que esté mal poner cuatro verbos juntos”. Le digo: “En realidad no está mal, es poco elegante, pero, en fin, quizás es un pensamiento mío nomás”. Me dice: “¿En qué quedamos?”. Le digo: “Hay asuntos que técnicamente no están mal, son poco elegantes”. Me dice: “Hay muchos ejemplos de autores famosos que escriben cuatro verbos juntos”. Le digo… ¡báh!, no le digo nada, me quedo mirándolo, a la espera de los ejemplos. Me dice: “Ahora no me acuerdo de ninguno, pero hay muchos”. Me quedo callado porque me doy cuenta de qué va la cosa. Me dice: “Voy a preguntar a alguien que sepa para salir de la duda”. Le digo: “Está bien”.La verdad, le digo ahora a usted, no me importa si tengo razón. Tampoco me interesa el destino del relato que, para peor, milita en esa categoría inventada por uno que no sabía de qué otra manera trascender la pueblerina mediocridad de esta ciudad y halló en el microcuento un “nicho de mercado”. Los leo con aprensión, fijándome si tienen palabras de más. ¿Y, sabe qué?, siempre una o dos les sobran. O se podrían eliminar párrafos enteros sin que sufra el cuentito. O suprimirlo íntegro por el bien de la literatura.Me pregunta: “¿Qué vas a tomar?”. Le digo: “Ya he tomado algo, no te molestes”. Me dice: “Pedí nomás, yo pago”. Le digo: “Muchas gracias, pero no”.
Soy un estúpido, tenía que opinar "muy bueno lo tuyo", "magnífico" o "seguí así". Se espera que uno haga lo que llaman “crítica constructiva”. Trata de averiguar: “¿Qué andas escribiendo?”. Le digo: “Nada, aporreo la máquina, como todos en Santiago”. Le adivino que está tomando impulso para retrucarme otra vez, miro la hora y le digo: "Me voy".
Se queda mascando rabia. Pero ya voy lejos.
Juan Manuel Aragón
A 17 de septiembre del 2026, en Los Décima. Ordeñando las cabras.
Ramírez de Velasco®



Jajajajaja! Tal cual! Eso es un muy buen relato!!
ResponderEliminarAnsina es, don Juan.
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