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| "Licaón", de Raúl Cisterna |
Una historia griega es el tema de conversación de muchos vecinos en asados, galas, recepciones, fiestas, bailes y saraos
Tema de conversación en la mesa familiar de los santiagueños cuando se juntan en asados, galas, recepciones, bailes, fiestas y saraos, es el de Licaón, pero no el hijo de Príamo y Laótoe que, hecho prisionero, fue vendido como esclavo por Aquiles. Lo mataron porque intentó fugarse. Tampoco se trata del que era hijo de Antenor, a quien en consideración a su padre los griegos respetaron la vida cuando ganaron la Guerra de Troya.No, mis amigos, el que ocupa las conversaciones de los buenos vecinos es Licaón, el rey arcadio, hijo de Pelasgo y Melibea, que era hija a su vez de Océano. En vez de leer la tracalada de noticias policiales con que los periódicos de la ciudad asesinan el idioma todos los días, los santiagueños se dedican a averiguar detalles de la vida de este personaje y se entusiasman con sus idas y venidas, con el horror de los crímenes que se le atribuyen y las consecuencias de sus acciones.Resulta que para conseguir que los árcades cumplieran las leyes, Licaón les dijo que el mismísimo Zeus, tomando forma de un mortal, de vez en cuando se daba una vuelta por el pago para interesarse por el comportamiento de su pueblo. Después anunció que uno de esos días vendría de visita. Imaginesé, los árcades prepararon grandes sacrificios para honrar al rey de los dioses.
Los hijos de Licaón, que dudaban la veracidad de las afirmaciones de su padre, mataron a un chico y entreveraron su carne con la de las víctimas. Hay quienes sostienen que ese niño en realidad era descendiente de Zeus, y ahí la historia se vuelve más truculenta. Cuando le ofrecieron el sacrificio, se manifestó el poder de Zeus, que fulminó con sus rayos a los autores de la profanación.
Otra tradición sostiene que Licaón quiso poner a prueba a Zeus y por eso mezcló carne humana con las víctimas inmoladas. En una de las variantes del mito, Zeus entonces lo convirtió en lobo, estado en el que debía permanecer diez años, al cabo de los cuales recuperaría su forma original con la condición de que durante ese tiempo no comiera carne humana.
Muchos griegos, como es de suponerse, lo tenían por cruel y feroz, lo mismo que a los cincuenta hijos que se le atribuyen. ¡Cómo será que se decía que sus acciones habían motivado el diluvio que terminó con la humanidad!
¿Usted no sabía la historia? Bueno, eso le pasa por leer los matutinos en vez de consumir buenos libros como aconsejaban las buenas maestras de antes.
Juan Manuel Aragón
A 18 de septiembre del 2026, en el barrio La Católica. Visitando a un amigo.
Ramírez de Velasco®



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