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CINE La muerte de Martín Fierro

María Aurelia Bisutti como la esposa de Martín Fierro

Una adaptación cinematográfica destruye, para el chico que era entonces, la voz y el alma del gaucho más famoso del país

Una de mis primeras decepciones relacionadas con la literatura ocurrió por ahí de 1970. El caso es que en tercer grado agarré por primera vez el Martín Fierro, aclaro que es la más célebre obra de José Hernández, porque las nuevas generaciones no lo deben ni ubicar. Un resumen a lo gaucho diría que es un tipo que vivía tranquilo en algún lugar de la pampa bonaerense, un día lo llevan al ejército a pelear contra los indios y se vuelve matrero (convendría explicar qué significa "matrero", pero este relato sería muy largo). Se hace amigo de uno, que se llama Cruz, van a vivir con los indios, el amigo se muere allá, entonces vuelve a la civilización, se reencuentra con los hijos, les da unos consejos y se separan de nuevo.
Una siesta con unos primos de Tucumán hicimos el programa de ir a ver la película que habían hecho sobre el libro. Actuaba Alfredo Alcón y todos decían que era una maravilla. En aquellos años estaban de moda las películas épicas sobre temas nacionales. El mismo Alfredo Alcón interpretó también a San Martín. Para entonces ya había leído el libro completo tres o cuatro veces. Me gustaba tanto leer que, mire usté, mi madre a veces me corría de casa para que saliera a jugar.
Aquella vez en el cine me pasaron dos cosas, la primera es que mis primos me hacían callar porque a cada rato les adelantaba lo que vendría. Me preguntaban si la había visto, pero no tenía cómo, si era la primera vez que la pasaban. El gaucho Martín Fierro pronunciaba las palabras como porteño, eso lo entendí, pero era un porteño muy moderno para mi gusto. Un amigo de mi padre, nacido y criado en Buenos Aires, pero mucho más viejo, sí hablaba como el Martín Fierro. Alcón interpretaba el personaje de manera afectada, con voz urbana. No quedaba bien.
Ahora sé las dificultades de producción que debieron tener los realizadores, conseguir el lugar, los caballos, los extras, los decorados, pero igual en muchas partes se le veían las costuras. Eran evidentes incluso para un chico, pues yo tenía unos once años o poco más. Los aperos de los gauchos y de los indios aquellos, ¡por Dios!, eran muy modernos, cómo decirle, muy prolijos para la época en que debía estar ambientada la cinta. María Aurelia Bisutti, como la mujer de Fierro era floja, quizás porque la había visto en una telenovela, no daba, no sé si entiende.
Unos veinte años después, la volvieron a pasar por cable. Olvidado de aquella experiencia la quise ver de nuevo. Una noche me preparé bien, sangüi, cocacola, cigarrillos y soledad. Apenas pasaron los títulos reviví la experiencia de la primera vez. ¡Era como la recordaba! Apagué el televisor disgustado. No sé qué habrán dicho los críticos de cine de aquel tiempo, capaz que pensaban lo mismo.
Hoy quizá haya recobrado valor. Habla de un mundo desaparecido, con un lenguaje y unas costumbres que ya casi nadie comprende. Tal vez verla sea tarea de arqueólogos. Por las dudas nunca vi la película de San Martín, sabía que me moriría de rabia.
Y para qué, ¿no?
Juan Manuel Aragón
A 13 de agosto del 2026, en el Petit Colonial. Esperando la paloma.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc13 de agosto de 2026 a las 10:10

    Es muy difícil superar al Martín Fierro que uno forma en su imaginación después de leer el libro. Pueden poner al mejor actor para representarlo, pero es de vicio, más aun si el actor es porteño.

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