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| Birome |
El 21 de agosto de 1944, los Estados Unidos adquieren 20.000 biromes fabricadas en Buenos Aires para su Fuerza Aérea
El 21 de agosto de 1944, los Estados Unidos adquirieron 20.000 biromes fabricadas en Buenos Aires para su Fuerza Aérea en plena Segunda Guerra Mundial. El pedido impulsó la difusión internacional de la innovadora pluma esferográfica creada por el húngaro László Bíró. László József Bíró, periodista y inventor húngaro nacido en 1899, desarrolló la pluma junto a su hermano Georg, químico. Frustrado por las manchas de las lapiceras de tinta tradicionales, se inspiró en la tinta de secado rápido de los periódicos. Experimentó con una punta esférica que giraba y distribuía una tinta viscosa sin derrames. Patentó el diseño en París en 1938 y, ante el avance nazi, huyó con su familia a Argentina en 1940.En Buenos Aires, se instaló y encontró apoyo. Junto a su hermano y el socio Juan Jorge Meyne fundó la empresa Eterpen (luego Biro Pens of Argentina). El 17 de junio de 1943 obtuvieron la patente argentina. La pluma, llamada Birome —contracción de Biro y Meyne—, se producía en un pequeño taller. Ofrecía ventajas: escribía en cualquier posición, no goteaba con cambios de presión y duraba meses sin recarga.La Segunda Guerra Mundial creó demanda militar. Las lapiceras de tinta fallaban en altitud por fugas y cambios atmosféricos, un problema para pilotos y navegantes. El empresario inglés Henry George Martin, radicado en Argentina, vio el potencial y promovió el producto ante las fuerzas aliadas. La Royal Air Force británica fue la primera en adoptarla y encargó miles para sus tripulaciones.
La Fuerza Aérea de los Estados Unidos siguió el ejemplo. En 1944, mientras combatía en Europa y el Pacífico, evaluó las biromes argentinas. El pedido de 20.000 unidades fabricadas en Buenos Aires se concretó el 21 de agosto. Los pilotos norteamericanos las valoraron por su fiabilidad en cabinas de aviones a gran altura y durante maniobras. La compra marcó uno de los primeros contratos oficiales de envergadura para el invento.
La producción local se realizaba con mano de obra y materiales argentinos. La tinta especial, desarrollada por Georg Bíró, era espesa y de secado rápido. Cada birome tenía un cartucho que permitía escribir durante meses. La prensa de la época destacó su practicidad y lo presentó como un orgullo industrial argentino en tiempos de neutralidad del país durante la guerra.
Tras el pedido norteamericano, el interés creció. En 1945, la empresa Eversharp-Eberhard Faber adquirió derechos para fabricar en Estados Unidos. Poco después, el empresario Milton Reynolds visitó Buenos Aires, compró muestras y lanzó su propia versión, la Reynolds Rocket, que se vendió masivamente en Nueva York ese mismo año. La birome se convirtió en fenómeno comercial.
Bíró y sus socios continuaron produciendo en la Argentina. Aquí la pluma se popularizó con el nombre genérico “birome”. El inventor patentó mejoras y otros dispositivos. Nacionalizado argentino, vivió en Buenos Aires hasta su muerte en 1985. Su creación revolucionó la escritura cotidiana y reemplazó progresivamente a las plumas de tinta en oficinas, escuelas y hogares.
El pedido de agosto de 1944 contribuyó a validar la tecnología en condiciones extremas de guerra. Las biromes demostraron resistencia a vibraciones, inclinaciones y altitudes donde las alternativas tradicionales fallaban. Este reconocimiento militar allanó el camino para la producción masiva de posguerra y su adopción global.
Empresas como BIC en Francia, bajo Marcel Bich, licenciarían después la tecnología y producirían miles de millones de unidades. La birome argentina, nacida en un taller de Buenos Aires durante la contienda mundial, se transformó en uno de los objetos más utilizados del siglo XX.
Ramírez de Velasco®


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