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TRUST Una morocha por otra

"Confitería", de Raúl Cisterna

Un mozo conocía tanto a sus clientes, que por ahí se equivocaba: vea abajo la verídica historia de Buddy Racedo

Quien no conoció a Buddy Racedo, mozo del desaparecido Trust Pastelero, tucumano y simpatiquísimo. Tenía sus clientes y una manera especial de tratarlos, dominaba las reglas de su trabajo en bares y confiterías como ningún otro en la ciudad. Protagonizó un informe especial en el diario en que yo trabajaba entonces, en una nota que fue muy comentada en su gremio por lo impecable de sus definiciones y las lecciones que daba en apenas veinte certeras líneas.
Llegabas al Trust y antes de que pasaran cinco minutos caía trayendo café, café con gota, leche cortada, cortado, cortado mitad y mitad. Sabía los gustos de todos los clientes y se anticipaba al pedido. Sacabas un cigarrillo y ahí estaba su mano encendiéndolo. Siempre servicial con las damas, les acercaba la silla, les recomendaba qué tomar, les avisaba que acababa de salir del horno algún nuevo bocadito que les daba a probar. Un caballero y no solamente un trabajador eficiente.
Antes, cuando estaba en otra confitería, caías a eso de las diez de la noche con una novia que tenías y ya venía él con un cortado para vos y el café bien fuerte para ella. Todas las santas noches de un invierno que duró una eternidad, lo mismo. Todas las noches calcadas al carbónico, iguales a la anterior, a la anterior, a la anterior.
Morocha, de pelo largo era la novia y morocha de pelo largo era también un nuevo amorcito que invitaste una tarde que te sentías aburrido de hacer todos los días lo mismo y que la Número Uno estaba de viaje. De allá venía con la sonrisa sobre la bandeja: cortado para vos y café bien fuerte para ella.
Con los leves y precisos movimientos con que acarreaba los pedidos y volvía con la vajilla, te miró triunfante, las tazas en lo alto, azúcar para vos, edulcorante para ella. Pero miró bien y se dio cuenta de que la morocha era otra, los ojos como dos de oro, la voz dudosa. Antes de que la sorpresa se disipara preguntó:
—¿Ustedes han hecho un pedido? Pero, qué chambón. Parece que ando medio mareado.
Después se dio la media vuelta rumbo a la barra.
Al rato volvió a preguntar qué iban a tomar. Pero el estropicio estaba hecho. La Número Dos se había percatado. Y la noche terminó arruinada. Como correspondía.
Buddy no tuvo la culpa.
Juan Manuel Aragón
1 de agosto del 2026, en El Alambrado. Degustando un lampreado.
Ramírez de Velasco®

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