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1926 ALMANAQUE MUNDIAL Cristera

Miguel Agustín Pro

El 6 de agosto de 1926 comienza la Guerra Cristera conflicto armado en México que enfrenta al gobierno federal con grupos de católicos

El 6 de agosto de 1926 comenzó la Guerra Cristera. Fue un conflicto armado ocurrido en México entre 1926 y 1929. Enfrentó al gobierno federal, encabezado por el presidente Plutarco Elías Calles, y a grupos de católicos que se opusieron a la aplicación de leyes anticlericales. Su origen estuvo en la entrada en vigor de la llamada Ley Calles, promulgada el 14 de junio de 1926, que regulaba el culto religioso y limitaba las actividades de la Iglesia católica.
La Ley Calles exigía que los sacerdotes se registraran ante las autoridades civiles, restringía su número en cada estado, prohibía la educación religiosa y establecía sanciones económicas y penales para quienes incumplieran las normas. Su aplicación provocó tensiones con el episcopado mexicano, que decidió suspender el culto público a partir del 31 de julio de 1926 para protestar.
El cierre de templos y la ausencia de misa generaron malestar en las comunidades rurales del occidente del país. A fines de julio comenzaron los primeros levantamientos en Jalisco, Michoacán, Colima, Zacatecas y Guanajuato. Los participantes, conocidos como cristeros, eran en su mayoría campesinos y artesanos. Utilizaron el grito “¡Viva Cristo Rey!” como consigna. La Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, creada en 1925, articuló el movimiento y coordinó algunas de las acciones armadas.
El gobierno respondió con una campaña militar. Se suspendieron derechos constitucionales en las regiones en conflicto y se ordenaron ejecuciones sumarias de sacerdotes y combatientes. Los templos y bienes eclesiásticos fueron confiscados. La prensa oficial calificó a los insurgentes como rebeldes contrarrevolucionarios. En poco tiempo, el conflicto se extendió a más de una docena de estados.
Los cristeros no tenían un ejército regular ni con armamento uniforme. Operaban mediante guerrillas locales, aprovechando el conocimiento del terreno. En 1927, algunas unidades lograron tomar poblaciones pequeñas en Jalisco y Michoacán, aunque las fuerzas federales recuperaron el control poco después. Ese mismo año fue fusilado el sacerdote Miguel Agustín Pro, acusado de conspirar contra el gobierno. La ejecución, fotografiada y difundida, se convirtió en uno de los registros más conocidos del conflicto.
En 1928 fue capturado en Michoacán José Sánchez del Río, de 14 años, acusado de colaborar con los cristeros. Fue ejecutado el 10 de febrero de ese año. Su caso fue documentado por la prensa local y utilizado posteriormente por la Iglesia como ejemplo de martirio. También fueron ejecutados otros líderes religiosos y civiles, como Anacleto González Flores, abogado y dirigente católico, el 1 de abril de 1927.
El conflicto alcanzó su punto más intenso entre 1927 y 1928. Las estimaciones históricas indican que participaron alrededor de 50.000 insurgentes y que el ejército federal desplegó más de 100.000 soldados. Las víctimas totales se calculan en más de 90.000, incluyendo combatientes y civiles.
En junio de 1929 se firmaron los llamados “arreglos” entre representantes de la Iglesia y del gobierno, con mediación del embajador norteamericano Dwight Morrow. Se acordó la reanudación del culto público y la amnistía para los combatientes, aunque no todos aceptaron el pacto. Algunos grupos continuaron la lucha hasta 1934.
Tras el fin del conflicto, la Iglesia recuperó gradualmente su presencia, aunque bajo control estatal. Las relaciones entre el poder civil y religioso permanecieron tensas durante varias décadas. En el año 2000, el papa Juan Pablo II canonizó a 25 mártires de la Guerra Cristera, y en 2016 el papa Francisco canonizó a José Sánchez del Río.
Fue uno de los enfrentamientos más importantes entre la Iglesia y el Estado en América Hispana durante el siglo XX. Su desarrollo modificó la estructura política y social del México posrevolucionario y dejó un registro documental y testimonial que aún se estudia en la historiografía contemporánea.
Ramírez de Velasco®

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