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COSTUMBRES Nunca sin botella

"Agua", de Raú Cisterna

Un hábito convirtió cualquier salida en excusa suficiente para cargar un envase repleto desde la propia casa

Ya nos habíamos acostumbrado a la sed. Quizás usted no se ha dado cuenta, porque son esas modas que se van imponiendo de a poco: primero se ve uno por la calle, después otro, al tiempo otro más. Por las dudas, ¿vio? Puede que se sienta desnuda, doña, si no anda con su botellita por todos lados. Va a comprar medio de zanahoria y una oferta de papas a la verdulería de cuatro cuadras y tiene que cargarla. Visita a una amiga y, por las dudas, va con ella. El cura oficia misa el domingo y de vez en cuando le da un chupetazo a la botellita.
A nadie le importa que sea una ordinariez suma tomar del pico y por la calle, desenroscando la tapa como lo haría un guarango cualquiera. Después, algunos se limpian la boca con el revés de la mano y hasta eructan como si estuvieran en la cancha. Y no importa si es un burro o un gran profesor. La sed no perdona.
En la década del 80, quizás del 90, el cuerpo humano empezó a venir cada vez más frágil, con partecitas de cristal, ¿ha visto? Y las madres supusieron que sus niños tendrían sed en la escuela. No iban a permitir que tomaran del caño, inclinando la cabeza y torciendo la boca, por favor. Los empezaron a mandar con una botella. Luego esos chicos crecieron y hoy son los cuarentones que salen a caminar solo una hora por el parque, pero sin olvidarse de la botellita. En una de esas se olvidan de ponerse los calzoncillos, pero no de ella, faltaba más. Siempre firme.
Hasta el momento no escasea en la Argentina. Hay de sobra y para todos. Un viejo dicho sostiene que un cigarrillo, el wifi y un vaso de agua no se le niegan a nadie. Si pasa por una plaza, pídale al placero y no se la va a negar. El ama de casa que está regando su vereda tampoco. De última, en un bar o en un quiosco seguro que le convidarán. Eso sí, en todas partes será fresca, natural y rica, salida de la canilla. Porque la de la heladera es para el almuerzo de los sirupíticos. Según sostienen los viejos, la que más calma la sed es la que pasa directamente de la canilla al vaso.
Si hay un signo manifiesto de la era moderna, es el hecho de que el cuerpo humano de repente se siente más acuciado por la sed. Pero, vea usted, justo cuando nos hemos acostumbrado a salir con la botellita en la mano, empieza a verse en las calles otra moda, quizás peor. Hay gente que no da dos pasos fuera de la casa si no tiene un termo en el sobaco izquierdo y un mate inmenso en la derecha. Llegó el uruguayismo. Pero es otra historia, dejémosla para más adelante.
Juan Manuel Aragón
A 17 de agosto del 2026, en Átoj Pozo. Pidiendo cerveza.
Ramírez de Velasco®

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