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| Severino Di Giovanni |
El 2 de octubre de 1930 es el asalto al automóvil que llevada los salarios de los empleados de Obras Sanitarias de la Nación
El 2 de octubre de 1930, en los bosques de Palermo, un grupo de anarquistas expropiadores emboscó el automóvil que transportaba los fondos destinados a pagar los salarios de los empleados de Obras Sanitarias de la Nación. La acción, ejecutada pocos días después del golpe de Estado que había llevado al general José Félix Uriburu al poder, terminó con un intenso tiroteo, varios muertos y heridos y la fuga de los atacantes con unos 286.000 pesos. Participaron Severino Di Giovanni y Miguel Arcángel Roscigna, dos de los principales militantes del anarquismo expropiador de aquellos años.Aquella mañana, el automóvil avanzaba por la avenida Vivero, continuación de la actual avenida Olleros, llevando la suma destinada al pago de los trabajadores. Era por los bosques de Palermo, justo cuando los vecinos paseaban a caballo y concurrían a los clubes y espacios de recreación. Los asaltantes habían estudiado el recorrido y aguardaban en dos automóviles para interceptar el vehículo en un punto favorable.La banda estaba integrada por siete hombres. Dos viajaban en el primer automóvil y provocaron la emboscada, mientras los otros cinco aguardaban en un segundo vehículo. Después del choque, todos entraron en acción. Llevaban fusiles Winchester y revólveres de grueso calibre, y el ataque se desarrolló con rapidez. La proximidad de efectivos policiales y militares hacía especialmente audaz el procedimiento: se realizaban ejercicios de tiro en las inmediaciones.
El enfrentamiento se produjo en pocos minutos. Los empleados de Obras Sanitarias intentaron resistir y se intercambiaron numerosos disparos con los atacantes. Uno de los choferes, Francisco González, "Paco", vinculado al grupo anarquista, cayó mortalmente herido. También murieron empleados que viajaban en el vehículo asaltado, aunque las fuentes consultadas difieren en la cantidad exacta de víctimas mortales y en la identificación de cada una. La prensa del día siguiente informó específicamente sobre la muerte de uno de los pagadores.
Aprovechando la confusión, los asaltantes tomaron la valija que contenía el dinero y huyeron a toda velocidad hacia Belgrano. Todo el episodio se desarrolló en cuestión de minutos. Horas después apareció abandonado uno de los automóviles que, según las primeras investigaciones, había sido usado por los asaltantes. La policía inició inmediatamente la búsqueda de la banda y reconstruyó los movimientos de los vehículos empleados para la fuga.
El botín era de unos 286.000 pesos, suma extraordinaria para la época. La acción fue atribuida principalmente a Di Giovanni y Roscigna, vinculados a grupos de anarquistas expropiadores que recurrían a los asaltos para obtener recursos destinados a su actividad política clandestina. Roscigna participaba además en planes destinados a ayudar a militantes presos y a organizar la fuga de compañeros detenidos en Uruguay.
El contexto político había cambiado apenas un mes antes. El 6 de septiembre de 1930, Uriburu había derrocado al presidente Hipólito Yrigoyen e instalado una dictadura militar. Se había intensificado la persecución contra organizaciones obreras y anarquistas, mientras las autoridades aplicaban medidas represivas y habían establecido severas disposiciones contra quienes fueran sorprendidos cometiendo delitos con armas. El asalto de Palermo ocurrió, por tanto, en un escenario de fuerte tensión política y policial.
Di Giovanni había llegado a la Argentina desde Italia y se había convertido en una de las figuras más activas del anarquismo violento. Roscigna, por su parte, participaba desde años anteriores en acciones de expropiación. Ambos habían intervenido en otros episodios delictivos atribuidos a grupos anarquistas, entre ellos el asalto a los establecimientos Kloeckner, ocurrido en 1929. Después del golpe de Uriburu continuaron actuando pese al aumento de la persecución policial.
La prensa porteña presentó el asalto como una muestra de la creciente violencia delictiva que atravesaba Buenos Aires desde la década anterior. La historiadora Lila Caimari señaló que hacia fines de los años veinte los asaltos a mano armada y las noticias sobre pistoleros habían generado una preocupación extendida en distintos sectores sociales. El episodio de Palermo fue leído dentro de ese clima y recibió amplia cobertura periodística por la cantidad de dinero robado, la violencia empleada y el lugar escogido para la emboscada.
Después del golpe, las autoridades intensificaron la persecución de los anarquistas y especialmente de quienes participaban en acciones armadas. Roscigna continuó vinculado con operaciones destinadas a financiar la actividad clandestina y la ayuda a compañeros encarcelados. Di Giovanni siguió realizando atentados y asaltos hasta su detención en enero de 1931. El 1 de febrero de ese año fue fusilado en la Penitenciaría Nacional, mientras Paulino Scarfó, otro integrante de su grupo, fue ejecutado al día siguiente.
Ramírez de Velasco®


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