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PERRADA Lazo, marca y sangre

Ilustración nomás

El sol dice que son las once y un lazo se levanta sobre la hacienda baguala

La cámara se detiene un instante y enfoca al Morfeo. Antes era el más bravo de todos los perros de Matías, ahora le llamarían el macho alfa. El Morfeo es blanco con algunas manchas negras en el lomo, su genealogía acusa una lejana cruza de dogo de Albania con carro volcador por parte de madre, un bisabuelo paterno que supo ser choco en la casa del principal de los Acuña y el padre que fuera retador a duelo de todos los perros de los alrededores y no ganó ni unito.
Al lado del Morfeo, el Chiquito otea el horizonte. Es más cazador, pero no lo ayuda el físico. De haber tenido la contextura del Morfeo, habría sido el Gardel de esa perrada. Pero si mi abuelo hubiera tenido rueditas, mi padre habría sido carretilla. De vez en cuando el Chiquito le tira las motas al Morfeo sólo para molestarlo, para hacerle ver que si quiere seguir siendo el patrón debe estar siempre alerta.
Un paso atrás, el Negro sabe que su destino era el de Morfeo, pero es sordo como una tapia. Malhaya triste destino. Un camión con postes en el canchón, al hacer marcha atrás lo dejó aplastado como sapo bajo la cincha mientras dormía la siesta.
Y atrás, rascándose la oreja, como tero en nido ajeno, calladito, el Chirola es casi una mascota de los otros. Viejo, feo, mal hecho, nadie habría dado dos monedas de medio centavo por ese faldero rebelde que no quiso ser el perro de la casa y cuando sale al monte saca la lengua tratando de cazar, aunque sea una triste urpila.
Ahora la cámara enfoca al otro lado. Acaban de abrir el portón del agua y hay varios muchachos observando terneros para señalar y marcar, toros para castrar, vacas para descornar y algún animal embichado para curar. A Horacio le dicen Chelco, porque siempre anda encima de los palos del corral. Cada vez que Rafa enlaza una tambera pega el grito: "Esta no pare más! Pichi, el más puerco para el lazo, prepara un fuego en el que asará las criadillas.
La perrada levanta los hocicos, parece indiferente, pero tiene el cuerpo presto a salir disparando ante el primer silbido. A menos de cien metros de ahí, un lazo se alza sobre las cabezas de la tropa. El sol marca las 11. Hay en el aire un regusto a sangre y olor a bosta fresca. La hacienda baguala está por entrar al corral grande.
Los perros se dispersan para sumarse a la diversión, el Chirola es el más bochinchero, como siempre.
Juan Manuel Aragón
Miércoles 6 de mayo del 2026, en Casa Rosa. Esperando el vuelto.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. El relato me trajo recuerdos de las yerras de invierno en el campo de la empresa, allá por El Desierto, cerca de El Caburé. Era día de fiesta y llegaban de todos lados. Una ternera asándose sobre elásticos de cama y en los corrales los enlazadores pialando terneros para capar, desmochar y marcar. Con la nueva ternerada se hacía la yerra mitad a lo tradicional, y la otra mitad en brete. Nosotros, mientras tanto, vino en mano escarbando el rescoldo de las marcas para comer las criadillas.
    La noche antes de volver se salía a reflectorear para ver si caía algún guazuncho para llevar algo de cacería a la ciudad.
    Lindas épocas. Ojalá la costumbre no se pierda.

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