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1981 ALMANAQUE MUNDIAL Ausencia

Juan Carlos y Sofía

El 20 de julio de 1981, los reyes de España avisan que no asistirían a la boda de Carlos de Inglaterra y Diana Spencer, porque comienzan su luna de miel en Gibraltar

El 20 de julio de 1981, la Casa Real española comunicó oficialmente que los reyes Juan Carlos y Sofía no asistirían a la boda del príncipe Carlos de Inglaterra y lady Diana Spencer, prevista para el 29 de julio de ese año, debido a que la pareja había decidido comenzar su luna de miel en Gibraltar, territorio británico en disputa con España. La noticia causó sorpresa en círculos diplomáticos y de la prensa, al tratarse de un enlace de gran trascendencia internacional, y marcó un episodio más en la larga tensión histórica entre ambos países por la soberanía del peñón.
La decisión fue anunciada a través de una breve nota oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores español, que explicó que la elección de Gibraltar como primer destino de los recién casados constituía una “falta de sensibilidad” por parte del gobierno británico y una ofensa para el pueblo español. En consecuencia, el rey Juan Carlos, jefe del Estado, consideró que no debía estar presente en el enlace.
La invitación para los monarcas españoles había sido cursada meses antes, durante los preparativos para la boda del heredero de la corona británica. La respuesta afirmativa inicial se vio alterada tras la confirmación, hecha pública en julio, de que el yate real Britannia zarparía con los novios desde Gibraltar tras la ceremonia.
La elección de Gibraltar como parte del itinerario nupcial fue interpretada por las autoridades españolas como un gesto político poco diplomático. Desde 1713, el peñón es posesión británica según el Tratado de Utrecht, pero España ha reclamado históricamente su devolución. En 1981, cuando aún no habían transcurrido seis años desde el fin del franquismo, la política exterior española estaba especialmente atenta a cuestiones de soberanía y dignidad nacional, después el cholulismo mató cualquier intento de mostrar dignidad.
El acto de desaire no impidió que otros representantes de la nobleza española asistieran a la ceremonia, pero quedó claro que la ausencia de los reyes tenía un carácter oficial y no personal. La relación entre ambas casas reales no quedó interrumpida, aunque este episodio marcó un punto delicado en el protocolo entre España y el Reino Unido.
El gobierno británico no emitió una respuesta formal a la decisión española, pero medios del Reino Unido calificaron la reacción como desproporcionada, argumentando que la visita de los novios a Gibraltar no había tenido intenciones políticas. Sin embargo, se reconoció en ámbitos diplomáticos que el momento elegido fue desafortunado.
El viaje de bodas del príncipe Carlos y lady Diana comenzó según lo planeado, y la pareja arribó a Gibraltar el 1 de agosto, abordando allí el yate Britannia para navegar hacia el Mediterráneo. Permanecieron en aguas próximas a Túnez, Grecia y Egipto, en una travesía que duró dos semanas.
La tensión por Gibraltar tuvo otros episodios en años posteriores, aunque sin alcanzar el tono que provocó la decisión de 1981. En 2002, por caso, la visita del príncipe Eduardo también generó protestas oficiales por parte del gobierno español.
El gesto de la Casa Real española fue ampliamente cubierto por la prensa internacional, y muchos interpretaron la decisión como una reafirmación de la posición de España respecto de su reclamo sobre Gibraltar. En el ámbito interno, la postura fue bien recibida por la mayoría de los sectores políticos y sociales.
Aunque con el tiempo se normalizaron las relaciones entre ambas familias reales, la boda de Carlos y Diana quedó en la historia como un acontecimiento global que, al mismo tiempo, reflejó las complejidades no resueltas de la política territorial europea.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

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