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| Casa de Omar Torres en San Pedro, Jiménez |
Qué narra lo que ocurrió luego de que se halló en San Félix, un burro con las ancas comidas
Corresponsal en el norte
del departamento Jiménez
La novedad preocupó al pueblo sanfeleño, lo ocurrido esa mañana era terrible. Alguien dijo que en el rodeo encontró un burro con las ancas comidas. La gente de inmediato llegó al lugar, llevados por la curiosidad en el afán de saber de lo que se trataba.Reunidos alrededor del animal, sacaban conclusiones, sin estar convencidos de la entidad del victimario.
El desafortunado animal permanecía parado, con las orejas apagadas, los ojos cristalinos, con su gran cuerpo encogido y tembloroso seguramente por el dolor y la fiebre.Lo extraño fue que solo le extrajeron prolijamente la carne blanda, dejándose ver el esqueleto de la chuspa hasta el tronco de la cola, sin ser dañado el hueso.
Al tercer día nuevamente el aspaviento, esta vez causando terror en el vecindario, eran dos los burros con las ancas comidas.
Lo raro que solo atacaba a los burros adultos sin dejar huellas de garras ni dientes.
En solo quince días cobró veintitrés víctimas. Los vecinos decidieron dar fin con el flagelo y formaron varios grupos armados. Esa tarde al anochecer escogieron cada uno un burro para exponerlo así rebuznara y de ese modo atraiga al come ancas.
Ya en el lugar; en escasos minutos de permanecer en silencio notaron como que emergió de la tierra una sombra la cual avanzaba moviéndose como una mariposa gigante, posándose en las ancas. Luego sintieron un quejido lastimero del indefenso animal, la sombra se hizo una rosca y bajó por las patas dando chillidos como si fuera llanto sin dar tiempo a disparar las armas. Corrieron hacia el burro, y grande fue la sorpresa cuando descubrieron que ya estaba sin ancas.
Lo ocurrido circuló por todos los grupos. Luego se reunieron llenos de pánico, hasta que el más viejo, un hombre de piel negra, de labios gruesos, con su voz pausada y mirando el cielo dijo: Todos esos días pensé y viendo el daño que causa me doy cuenta que solo ataca las ancas, lugar donde está estampada la marca, es como que no quiere ver marcas de fuegos en los cuerpos de los animales sufridos por el trabajo forzoso. ¿No será que se trata de algún espíritu de nuestros antepasados difuntos, que eran marcados como animales y exigidos a trabajar duro de sol a sol para sus amos ricos?
A partir de ese momento dejaron de marcar a los burros en San Félix.
El come ancas culminó con su tarea y hoy en día los animales solo son conocidos por el color de pelo entre sus dueños.
Ramírez de Velasco®
El desafortunado animal permanecía parado, con las orejas apagadas, los ojos cristalinos, con su gran cuerpo encogido y tembloroso seguramente por el dolor y la fiebre.Lo extraño fue que solo le extrajeron prolijamente la carne blanda, dejándose ver el esqueleto de la chuspa hasta el tronco de la cola, sin ser dañado el hueso.
Al tercer día nuevamente el aspaviento, esta vez causando terror en el vecindario, eran dos los burros con las ancas comidas.
Lo raro que solo atacaba a los burros adultos sin dejar huellas de garras ni dientes.
En solo quince días cobró veintitrés víctimas. Los vecinos decidieron dar fin con el flagelo y formaron varios grupos armados. Esa tarde al anochecer escogieron cada uno un burro para exponerlo así rebuznara y de ese modo atraiga al come ancas.
Ya en el lugar; en escasos minutos de permanecer en silencio notaron como que emergió de la tierra una sombra la cual avanzaba moviéndose como una mariposa gigante, posándose en las ancas. Luego sintieron un quejido lastimero del indefenso animal, la sombra se hizo una rosca y bajó por las patas dando chillidos como si fuera llanto sin dar tiempo a disparar las armas. Corrieron hacia el burro, y grande fue la sorpresa cuando descubrieron que ya estaba sin ancas.
Lo ocurrido circuló por todos los grupos. Luego se reunieron llenos de pánico, hasta que el más viejo, un hombre de piel negra, de labios gruesos, con su voz pausada y mirando el cielo dijo: Todos esos días pensé y viendo el daño que causa me doy cuenta que solo ataca las ancas, lugar donde está estampada la marca, es como que no quiere ver marcas de fuegos en los cuerpos de los animales sufridos por el trabajo forzoso. ¿No será que se trata de algún espíritu de nuestros antepasados difuntos, que eran marcados como animales y exigidos a trabajar duro de sol a sol para sus amos ricos?
A partir de ese momento dejaron de marcar a los burros en San Félix.
El come ancas culminó con su tarea y hoy en día los animales solo son conocidos por el color de pelo entre sus dueños.
Ramírez de Velasco®



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