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| Frederik Bantig y Charles Best |
El 4 de agosto de 1921 Frederick Banting revirtió la diabetes en un perro tras inyectarle extracto pancreático purificado
El 4 de agosto de 1921 Frederick Banting logró revertir la diabetes en un perro tras inyectarle extracto pancreático purificado junto a Charles Best. Los ensayos en la Universidad de Toronto bajo John Macleod iniciaron el aislamiento definitivo de la hormona insulina.Los antecedentes directos de la investigación se remontan al otoño anterior, momento en que se concibió la hipótesis de ligar los conductos pancreáticos para preservar los islotes de Langerhans. La obtención de instalaciones demandó complejas negociaciones universitarias, logrando la asignación de un modesto espacio de trabajo de laboratorio bastante precario.El procedimiento quirúrgico clave aplicado al animal supuso la extirpación completa de su páncreas semanas antes, induciendo un cuadro severo de diabetes artificial con niveles críticos de glucemia. La preparación de la sustancia requirió el procesamiento de órganos previamente atrofiados de otros sujetos, filtrados minuciosamente para extraer el líquido limpio.
La administración de la dosis pautada se ejecutó por vía intravenosa durante la jornada del jueves 4 de agosto, monitoreando las reacciones metabólicas de forma horaria. Las muestras sanguíneas posteriores revelaron un descenso drástico en las concentraciones de glucosa, registrando una caída superior al cuarenta por ciento en pocas horas.
El control diario de las variables demostró que el efecto benéfico de la sustancia poseía un carácter transitorio, requiriendo aplicaciones complementarias periódicas para sostener la estabilidad metabólica. Ante estos resultados, las semanas subsiguientes se destinaron a la optimización del filtrado y a la búsqueda de fuentes en mataderos locales canadienses.
El equipo de investigación sumó poco después al bioquímico James Collip, cuya incorporación resultó determinante para resolver los problemas de toxicidad que presentaban las primeras muestras artesanales. Las técnicas de purificación basadas en alcohol posibilitaron la eliminación de contaminantes que causaban reacciones febriles en los animales de prueba de laboratorio.
Los primeros ensayos clínicos en seres humanos se autorizaron a comienzos del año siguiente en el Hospital General de Toronto, seleccionando al joven Leonard Thompson, quien se encontraba en estado comatoso. La primera inyección provocó una marcada reducción de la glucosuria, validando de forma definitiva la eficacia del tratamiento descubierto.
El reconocimiento académico global llegó de manera acelerada con la concesión conjunta del Premio Nobel de Fisiología o Medicina en el año 1923 a los responsables del proyecto. Los galardonados oficiales decidieron compartir el beneficio económico con sus colaboradores directos, vendiendo la patente por la suma de un dólar canadiense.
Las crónicas médicas de la época reflejaron de inmediato el asombro ante la drástica reducción de las tasas de mortalidad infantil asociadas a las patologías metabólicas terminales. Las publicaciones especializadas de Europa y América dedicaron extensos volúmenes al análisis de los mecanismos de acción y a descripciones de protocolos clínicos.
Los registros de la Universidad de Toronto custodian actualmente los cuadernos de notas originales y los instrumentos empleados en las jornadas de experimentación de aquel período. Las actas del laboratorio detallan con precisión matemática las fechas, las dosis y las constantes medidas en el histórico ensayo sobre el animal diabético.
Ramírez de Velasco®


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