| Paula Lambruschini |
El 1 de agosto de 1978, Paula Lambruschini, es muerta por Montoneros en uno de los crímenes terroristas más atroces del país
El 1 de agosto de 1978, Paula Lambruschini, fue muerta por Montoneros. Fue uno de los crímenes más atroces que cometieron los grupos terroristas que asolaban el país, al menos desde tres lustros antes.Era una adolescente de 15 años que cursaba tercer año en el Colegio Esclavas del Sagrado Corazón y vivía con sus padres y su hermana Ana en el tercer piso del edificio Pacheco de Melo 1963, en Recoleta, Buenos Aires. Fue asesinada mientras dormía por una bomba de 25 kilos de nitroglicerina colocada la noche anterior por el Pelotón de Combate Especial Eva Perón de Montoneros en el departamento desocupado contiguo del edificio Pacheco de Melo 1957.El atentado estaba dirigido contra su padre el vicealmirante Armando Lambruschini provocó también la muerte de Margarita Obarrio de Vila de 82 años, de Ricardo Álvarez de 25 años y de uno de sus custodios personales, dejó heridos graves a otro custodio y a otros diez vecinos. Además, destruyó parte de dos edificios y se sintió en varias cuadras a la redonda.
La chica dormía profundamente en su dormitorio del tercer piso aquella madrugada. Era la hija menor del jefe del Estado Mayor de la Armada y de Gladys Nevares Gestard, tenía previsto asistir a clases al día siguiente.
El departamento lindero, ubicado en el segundo piso del edificio más antiguo y alto de Pacheco de Melo 1957, permanecía desocupado desde el 30 de junio por reformas. Dos jóvenes bien vestidos, con documentos falsos que acreditaban pertenencia a un organismo de seguridad dedicado a toxicomanía, habían inspeccionado el lugar durante horas la semana anterior simulando buscar huellas de drogas.
Se infiltraron así sin despertar sospechas y, el 31 de julio a las 11 de la noche, miembros del Pelotón de Combate Especial Eva Perón colocaron la carga explosiva exactamente contra la medianera que daba al dormitorio de Paula. La bomba quedó adherida a la pared que separaba ambos departamentos.
A las 2 menos 20 de la madrugada del 1 de agosto, la detonación sacudió el barrio de Recoleta con una fuerza devastadora. Dos enormes boquetes se abrieron en la medianera del edificio de los Lambruschini justo donde estaba el cuarto de la joven.
La explosión hizo colapsar pisos y retorcer columnas y estructuras. Escombros cayeron sobre viviendas y comercios de la cuadra, inutilizaron vehículos estacionados y provocaron daños cuantiosos que obligaron a demoler dos edificios poco después.
El cuerpo sin vida de Paula fue hallado entre los escombros de su propio dormitorio. La adolescente murió en el acto, sin posibilidad de reacción ni escape.
Margarita Obarrio de Vila, de 82 años, que vivía con su esposo en el primer piso del edificio 1957, falleció también en la explosión. Ricardo Álvarez, estudiante de 25 años de ingeniería electromecánica que vivía en el tercero A del mismo edificio con sus padres y su hermano menor, sufrió heridas gravísimas al desplomarse su cuarto con su cama hasta la planta baja y murió un día después, el 2 de agosto.
Uno de los custodios personales del vicealmirante Lambruschini perdió la vida en la detonación, mientras que otro custodio resultó con heridas graves. Más de diez vecinos del complejo sufrieron lesiones de diversa consideración y bomberos auxiliaron a la gente atrapada entre los escombros.
El vicealmirante Armando Lambruschini, quien semanas antes había sido elegido para suceder al almirante Eduardo Emilio Massera al frente de la Armada, no estaba esa noche en su casa, sino pernoctando en la sede de la fuerza. Operarios de Segba y Gas del Estado cortaron los suministros para evitar riesgos mayores mientras la familia recibía la noticia de la tragedia.
Montoneros reivindicó el atentado y, en un comunicado, lamentó las muertes de la hija adolescente y de la anciana como “víctimas inocentes de esta guerra declarada por la dictadura y heroicamente enfrentada por nuestro pueblo”. Cuando Montoneros llegó al poder, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, no indemnizó a ninguna de sus víctimas. Y se pagó a sí mismo, por sus sufrimientos.
Ramírez de Velasco®

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