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| Rúdolf Hess |
El 17 de agosto de 1987 muere Rúdolf Hess en la prisión de Spandau, encerrado de por vida como el último recluso del penal
El 17 de agosto de 1987 murió Rúdolf Hess a los 93 años en la prisión de Spandau, en Berlín Occidental. Cumplía cadena perpetua como el último recluso del penal aliado. El antiguo lugarteniente de Adolf Hitler, condenado en Núremberg, puso fin a más de cuatro décadas de cautiverio mediante asfixia por estrangulamiento con un cable eléctrico en un cobertizo del patio de ejercicios, según determinó la autopsia realizada por médicos de las cuatro potencias. Su muerte cerró el capítulo del último gran jerarca nazi superviviente y provocó la demolición inmediata del recinto carcelario.Nacido el 26 de abril de 1894 en Alejandría, Egipto, como hijo de un comerciante alemán, pasó su infancia en el norte de África antes de trasladarse a Alemania para estudiar. Se alistó voluntario en la Primera Guerra Mundial, combatió en infantería y luego como piloto, y resultó herido en combate. Tras la derrota alemana, estudió en la Universidad de Múnich, donde se impregnó de ideas nacionalistas y geopolíticas bajo la influencia de Karl Haushofer.En 1920 se afilió al Partido Nazi como uno de sus primeros miembros y entabló una estrecha amistad con Adolf Hitler. Participó en el fallido Putsch de la Cervecería de noviembre de 1923 en Múnich. Detenido junto a Hitler, compartió con él la prisión de Landsberg, donde tomó nota y editó gran parte del dictado de Mein Kampf. Esa experiencia consolidó su lealtad al líder nazi.
Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, Hess fue nombrado vicesecretario del Führer y ministro sin cartera. Controló la organización del partido, supervisó nombramientos y aplicó medidas como las Leyes de Núremberg. En 1939 Hitler lo designó segundo en la línea de sucesión después de Hermann Göring. Sin embargo, su influencia decayó ante el ascenso de Martin Bormann y el foco de Hitler en la guerra.
El 10 de mayo de 1941, Hess pilotó un Messerschmitt Bf 110 desde Augsburgo y voló en solitario hasta Escocia con la intención de negociar la paz con Gran Bretaña. Aterrizó en paracaídas cerca de Glasgow y propuso un acuerdo que dejaba manos libres a Alemania en Europa a cambio de respetar el Imperio británico y devolver colonias. Los británicos lo capturaron y lo mantuvieron preso durante el resto de la contienda. Hitler lo calificó públicamente de loco y lo desautorizó.
Al finalizar la guerra, las autoridades británicas lo trasladaron a Alemania para juzgarlo en Núremberg junto a otros 21 dirigentes nazis. Acusado de conspiración y crímenes contra la paz, Hess exhibió comportamientos erráticos, amnesia parcial y lealtad absoluta a Hitler en su alegato final. El tribunal lo condenó a cadena perpetua en lugar de la pena de muerte solicitada por la Unión Soviética.
Desde 1947 cumplió su sentencia en Spandau, prisión administrada conjuntamente por estadounidenses, británicos, franceses y soviéticos. Allí compartió reclusión con otros nazis condenados hasta que, en 1966, se convirtió en el único preso del penal. Recibía visitas limitadas de su familia, padeció problemas de salud y rechazó sistemáticamente solicitudes de liberación humanitaria vetadas por Moscú.
A lo largo de los años, tuvo varios intentos de suicidio previos y mostró síntomas de paranoia, como temor a envenenamiento. En la tarde del 17 de agosto de 1987, durante su paseo por el jardín de la prisión bajo vigilancia de un guardia estadounidense, entró solo en un pequeño pabellón. Minutos después lo hallaron agonizante con un cable eléctrico al cuello atado a una ventana.
La autopsia practicada por un equipo médico multinacional confirmó la asfixia como causa de la muerte y halló una breve nota de despedida en su bolsillo que indicaba su intención suicida. Las cuatro potencias aliadas publicaron comunicados oficiales que descartaron intervención ajena. Su hijo Wolf Rüdiger y su abogado expresaron dudas y reclamaron investigaciones adicionales.
Tras su muerte, las autoridades demolieron Spandau para evitar que se convirtiera en lugar de peregrinación. Hess fue enterrado en Wunsiedel, Baviera, aunque años después sus restos se exhumaron y dispersaron para impedir concentraciones neonazis. Pruebas de ADN posteriores confirmaron sin margen de duda que el prisionero número 7 de Spandau era efectivamente Rudolf Hess.
Ramírez de Velasco®


Fue a negociar la paz y lo condenaron por "conspirar contra la paz"
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