Ilustración María Olimpia Miranda Rovira Hazme, Señor, como vergel cerrado, cuya llave el esposo sólo guarde, lago de amor por el amor sellado que la sed del esposo sólo apague. Pon en mis ojos suavidad de luna, en mi boca el clavel de la sonrisa, y cual venda de seda mi ternura restañe del esposo las heridas. Dale juicio, Señor, a mi consejo: dignidad y justicia a mi reclamo; eficacia y cordura a mi consuelo y nobleza al perdón para el agravio. Haz de mi hogar un cofre de ventura que del esposo colme los anhelos, donde descanse de la diaria lucha y tome bríos por luchar de nuevo. Nuestras dos almas fúndelas en una; una sola en la pena y en el gozo, cual dos gemelos que en la misma cuna juntan sus juegos, risas y sollozos. Ramírez de Velasco®
Cuaderno de notas de Santiago del Estero