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| Arturo Frondizi |
El 24 de julio de 1958, Arturo Frondizi lanza la “batalla del petróleo” en un mensaje radial transmitido por cadena nacional
El 24 de julio de 1958, el presidente Arturo Frondizi lanzó la “batalla del petróleo” mediante un mensaje radial transmitido por cadena nacional. Se anunció una ofensiva integral para alcanzar el autoabastecimiento de hidrocarburos, con YPF como eje central, contratos de locación de obras con capital privado extranjero y acciones simultáneas en exploración, perforación, transporte e importaciones. Aquel discurso marcó el punto de partida de una política que, en pocos años, transformó las cifras de producción y redujo drásticamente la dependencia externa.La Argentina enfrentaba una situación crítica. Al asumir en mayo de 1958, el país consumía alrededor de 15,6 millones de toneladas de petróleo al año, pero producía solo 5 millones. Las importaciones cubrían 10 millones de toneladas, equivalentes a un millón de dólares diarios y unos 300 millones anuales, que representaban la tercera parte de las exportaciones y generaban un déficit estructural en la balanza de pagos. Las reservas de oro y divisas eran escasas: poco más de 250 millones de dólares, insuficientes incluso para cumplir compromisos externos inmediatos.En el discurso, Frondizi detalló los frentes de acción. Se redujeron precios de contratos de importación existentes, como el de British Petroleum, y se firmaron nuevos acuerdos con la Unión Soviética, Colombia y otros países, pagando en algunos casos con productos nacionales en lugar de divisas. Se aceleró la reorganización interna de YPF: se eliminaron burocracias, se otorgó autonomía operativa a las áreas de yacimientos, destilerías y comercio, y se incorporaron controles de costos y balances públicos.
Se impulsaron obras de infraestructura clave. Avanzó la construcción del oleoducto del Norte, que llegaba a Tucumán, y se licitaron y completaron tramos en Mendoza y otras regiones. Se construyó el gasoducto Campo Durán y se planificaron expansiones para transportar producción de Salta, Mendoza y la Patagonia hacia los centros de consumo y refinación en San Lorenzo y La Plata.
La cooperación con el capital privado se articuló mediante contratos de locación de obras y servicios, sin concesiones ni cesión del dominio estatal. YPF retenía la titularidad de las áreas y del crudo extraído; las empresas recibían pagos en moneda nacional y extranjera por sus servicios de perforación y explotación. Se firmaron inicialmente acuerdos con Astra para 30 pozos y con un grupo estadounidense-europeo por volúmenes significativos. Posteriormente se sumaron Pan American Oil en Chubut y Santa Cruz, Tennessee en Tierra del Fuego, Carl M. Loeb Rohades en Mendoza y otras firmas como Union Oil, Esso y Shell en distintas cuencas.
La actividad exploratoria y de perforación se multiplicó. Se adquirieron decenas de equipos nuevos; hacia 1960 operaban alrededor de 100, el doble de los disponibles antes. Se perforaron miles de pozos en zonas de Comodoro Rivadavia, Neuquén, Mendoza y Patagonia. Las reservas comprobadas, estimadas en más de 500 millones de metros cúbicos, comenzaron a desarrollarse con mayor intensidad.
La producción respondió con rapidez. YPF duplicó su propia extracción, superando los 10,4 millones de toneladas. Con el aporte de los contratistas se alcanzó y superó la meta de 15,6 millones de toneladas anuales hacia 1961-1962, logrando por primera vez el autoabastecimiento y permitiendo incluso exportaciones de fuel-oil. El costo del metro cúbico de petróleo bajó sensiblemente en términos de divisas.
Además, se expandieron las redes de oleoductos y gasoductos, lo que facilitó el suministro a industrias y hogares. El gas natural ganó terreno como sustituto de combustibles sólidos y líquidos. Paralelamente, se sentaron bases para el desarrollo de la industria petroquímica, que posicionó al país como segunda potencia regional en el sector.
La política se enmarcó en la Ley de Nacionalización del Petróleo, promulgada a fines de 1958, que declaró los yacimientos propiedad exclusiva e inalienable del Estado y prohibió nuevas concesiones. Los trece contratos principales sumaron inversiones cercanas a los 200 millones de dólares en equipamiento, perforaciones y obras asociadas.
En los años siguientes, la producción continuó su curva ascendente, con récords históricos en extracción y un fuerte impulso a la matriz energética e industrial del país. La batalla del petróleo modificó de manera concreta el balance de pagos y la disponibilidad de energía para el desarrollo nacional.
Ramírez de Velasco®


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