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LEYENDA El grito de la charata

Chillando mientras vuela

Por qué canta de esa manera el ave santiagueña de  las mañanas del bosque

Hay pájaros en Santiago que cantan hermoso, como las reinamoras, otros aturden, como las catitas y sus unánimes gritos alegrando las mañanas allá lejos, en el pago, en fin. Algunos tienen un grito que parece un pedido de auxilio, como la charata, amiga de todos los campesinos, pues cuando le falta carne sale a cazarla por los caminos. Eso sí, su carne es un balín de dura, y por eso se la debe hervir varias horas para hacer pastelitos.
Tiene su leyenda, igual que el conejo, el león, el hualu, la corzuela la perdiz y todas las demás aves del bosque santiagueño. Alguna vez las contaremos.
Dicen que no era mala la charata, sólo un poco altanera. No le gustaba pedir las cosas por favor. Como si hubiera sido criada en casa de gente rica, entraba sin pedir permiso, se iba sin despedirse, nunca pedía por favor, jamás daba las gracias. Nunca se le oía un buen día, buenas tardes, buenas noches y pasaba por delante de la gente como si todos le debieran algo.
“Se hace la linda, porque tiene una cola larga, pero es ushulita y fiera”, opinaban los cuervos. “Anda siempre hecha una duquesa y ha nacido en Guayacán Cáido, como todos nosotros”, decía el burro. “La aguanto sólo porque cuando ha muerto mi marido ha puesto plata para el cajón”, avisaba la corzuela, una de sus pocas amigas.
Dicen que un día de mucho frío, se ha topado con su amigo el chancho del monte y se han largado a conversar, tiritando estaban contándose cosas de la familia, acordándose de los tiempos de antes. El chancho entonces la ha invitado a comer un locro para el 9 de julio, porque era feriado.
—¡Meta!— ha contestado ella, pero no le ha dicho ni muchas gracias ni le agradezco mucho la invitación ni nada.
Cuando ha llegado día, no ha caído sola, sino con toda la parentela: el tío charata, el yerno, las hermanas, las hijas, el marido, los cuñados. Un montón eran, como veinte. Y ninguno ha saludado.
Entonces el chancho les ha dicho que se sienten a comer. Les ha ofrecido el locro, pero no les ha puesto cucharas. Y todas pedían: “¡Tarípay ta cucharata!”, que es “alcánzame la cuchara”, en quichua. El chancho no les ha dado la cuchara y las ha mandado de nuevo a la casa con hambre, por atrevidas.
Pero ellas no han cambiado. Salvo que todos los días siguen cantando desesperadas: “Tarípay ta cucharata!”. Y por más que chillan, nadie les alcanza. Si no me cree, vaya al monte una mañana tempranito, y va a oir cómo siguen pidiendo, altaneras y arrogantes.
Maulas.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Que lindo que es aprender algunas leyendas de nuestras aves autóctonas! Me gustó mucho!

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  2. Me encantó Juan!!!! Como todo lo que escribes!!!! Justo las charlas están gritando!!!! Son medio insoportables, ahora se por qué.

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  3. Muy bueno, la lección del chancho a las altanetas charatas. Me gustó, como leyenda.

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  4. Lo felicito amigo no sabía esa parte dela Charata

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  5. Excelente narración de la fábula de nuestro monte Santiagueño.

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  6. Me gusto muy buena la leyenda gracias

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  7. Eso que son duras, es muy cierto. Ahora, bien cocinadas y preparadas, son ricas.
    Linda la leyenda

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