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TENDENCIA Por qué no leer un libro de moda

Hombre de vacaciones leyendo

Si quiere cultivar su espíritu y no satisfacer a los gurúes de la moda intelectual, aquí se terminará de convencer de que está en lo cierto

Pregunta de examen: ¿qué debe tener un libro para ser oficialmente un recomendado para las vacaciones? Si lo lleva a sus vacaciones al mar, ¿sus páginas deben tener algo para que no se le pegue la arena? El de la literatura es un mundo inmenso, extenso, enorme, y eso de decir cuál se debe leer ahora, en medio de un descanso anual, a la hora de la siesta o a la noche, cuando se encienden los grillos, es una tontería. Lo mismo que el libro de moda, haga el favor.
¿Quién tiene un entendimiento tan grande como para saber qué le gusta leer a usted y con qué textos quedará atragantado de odio, rabia y la yapa? El mundo de los lectores es tan personal como sus bibliotecas. Hay gente que relee un libro veinte veces y otra que se apura en llegar al final salteando páginas. Y en el medio hay cientos de miles, millones de formas de encarar un escrito. Porque, además, no se lee igual un tratado de Derecho Penal que las obras completas de Pablo Neruda. Y para ambos hay lectores que los gozarán de punta a punta.
¿Quieren acaso que el placer de la lectura sea regulado por los gurúes de una moda? Como si la industria editorial quisiera imponer sus propios artículos, tratándolos cual meros pantalones, camisas, zapatos o carteras. Es sabido que muchos tendrán más tiempo para leer en sus ratos de ocio, pero también es cierto que las librerías están repletas de libros y que cada cual elegirá lo que más le guste. La más pobrecita tiene al menos unos quinientos títulos distintos para ofrecer, entre nuevos y saldos.
Si usted llega a ser de los que prefieren un libro por su tapa brillosa, por la novedad de la edición o por los comentarios en la televisión, el orbe de los libros no es lo suyo. Mejor haga otra cosa en las vacaciones: se va a aburrir de pasar las hojas si lo hizo solo para tener qué comentar a la vuelta a sus amistades. En serio, hay lugares que ofrecen hermosas vidrieras, comidas exquisitas, paseos fabulosos, experiencias fascinantes. No pierda el tiempo adquiriendo algo que le recomendaron solo porque es lo que se usa.
En todo caso, si cree que estas vacaciones son, al fin, un buen momento para empezar con el asunto de leer buena literatura, hágase asesorar por un amigo, por un librero amigo. Y si no, empiece por los clásicos, que son esos títulos que usted conoce de oído, aunque nunca los haya tomado.
El Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, es una muy buena elección. Cien años de soledad puede ser algo complicadito si usted no tiene la cabeza abierta a nuevas experiencias, como las que propone Gabriel García Márquez, pero si se anima, déle nomás, pasadas las primeras páginas y la sorpresa inicial, es magnífico. Entre los argentinos, cualquiera de Jorge Luis Borges será de su agrado. Pero si quiere averiguar cómo escriben los santiagueños, ahí están esperándolo Jorge Wáshington Ábalos con Shunko o Julio Alberto Carreras con CueRtos.
Y en el medio, como se dijo, hay casi infinitos títulos esperándolo. Y no necesariamente son los que los libreros le quieren encajar avisándole que es la última moda. Porque, vamos, las neuronas no se ven. Están tapadas por los pelos o la calva, y leer no lo hará más lindo, más alto o más flaco. Quizás, como todos los buenos y sanos placeres efímeros, enriquecerá su espíritu y le hará dar cuenta de que lo que realmente vale en este mundo es lo que no se ve.
El día que empiece a llegar a esa conclusión, sus lecturas vivirán con usted y usted vivirá en ellas.
¿Moda?, sá de aquí.
Juan Manuel Aragón
A 5 de enero del 2026, mirando el avión. En Vuelta de la Barranca.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc5 de enero de 2026 a las 9:16

    Muy cierto.

    ResponderEliminar
  2. Los argentinos tienen que leer historia política para no repetirla, y leer los libros que leen los políticos cuando se entrenan para manejar y manipular a la sociedad.
    Ellos hacen sus deberes y se aprenden todas las estrategias, lo cual se comprueba fácilmente cuando se los escucha en sus discursos y se ven sus acciones de gobierno. Son de libro.
    Hay que leer a Maquiavelo, Le Bon, Marx, Hitler, Douglas Murray, Bertrand de Jouvenel (El Poder)....y tantos otros.
    Hay que hacer los deberes, igual que los políticos.....ellos se toman el trabajo de leeremos a todos y aplicar todas las técnicas. La sociedad tiene que también aprendérselas para evitarlas.

    ResponderEliminar

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