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1825 ALMANAQUE MUNDIAL Empecinado

Juan Martín Díez

El 19 de agosto de 1825 es ejecutado Juan Martín Díez, el Empecinado, legendario guerrillero de la Guerra de la Independencia

El 19 de agosto de 1825 fue ejecutado en la plaza de Roa, Burgos, Juan Martín Díez, conocido como el Empecinado, uno de los guerrilleros más legendarios de la Guerra de la Independencia. El héroe que hostigó sin tregua a las tropas napoleónicas en Castilla y alcanzó el grado de mariscal de campo murió ahorcado por orden de Fernando VII, tras negarse a abandonar la Constitución de 1812 y apoyar el liberalismo. Capturado en 1823 tras la restauración absolutista, sufrió prisión, vejaciones y un juicio sumarísimo antes de un final dramático en el que intentó resistir hasta el último instante.
Nacido el 2 de septiembre de 1775 en Castrillo de Duero, Valladolid, hijo de labradores acomodados, recibió el apodo familiar por el barro negruzco o pecina que abundaba en las aguas del pueblo. De joven se alistó en el ejército y combatió en la Guerra del Rosellón contra la Francia revolucionaria. En 1796 se casó con Catalina de la Fuente y se dedicó a las labores del campo en Fuentecén hasta la invasión napoleónica de 1808.
Tras el levantamiento popular, organizó partidas guerrilleras en las provincias de Valladolid, Burgos, Segovia, Guadalajara y Cuenca. Con apenas un puñado de hombres al principio, llegó a mandar varios miles en divisiones como los Voluntarios de Guadalajara o los Tiradores de Sigüenza. Sus acciones rápidas y conocimiento del terreno dificultaron las comunicaciones francesas, obligaron a destinar miles de soldados enemigos a su persecución y coordinó esfuerzos con las fuerzas de Wellington.
Participó en acciones notables como la conquista de Calatayud en 1810 y la defensa de Alcalá de Henares en 1813. Fernando VII le concedió el privilegio de firmar como “el Empecinado” y ascendió a mariscal de campo. Recibió cruces como la de Carlos III y la laureada de San Fernando por su valor. Al finalizar la guerra en 1814, se retiró a su tierra, pero su adhesión a la Constitución de Cádiz lo convirtió en sospechoso para el monarca.
Durante el Trienio Liberal, tras el pronunciamiento de Riego en 1820, volvió a la vida pública como gobernador militar de Zamora y capitán general. Combatió partidas realistas y defendió el régimen constitucional. En 1823, ante la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis que restauró el absolutismo, capituló en Extremadura para salvar a sus hombres y se exilió temporalmente en Portugal. Solicitó permiso para regresar sin riesgos.
Detenido cerca de Olmillos de Peñafiel en 1823, fue trasladado a Roa de Duero y entregado al corregidor Gregorio González, enemigo personal. Permaneció más de año y medio en prisión, exhibido en una jaula de hierro los días de mercado para que el populacho lo insultara. Fernando VII rechazó peticiones de clemencia, incluso de Inglaterra, y ratificó la condena a muerte por horca en lugar de fusilamiento, pese a su condición militar.
El 19 de agosto de 1825, al mediodía, lo sacaron de la celda montado en un burro desorejado para mayor humillación. Recorrió las calles flanqueado por frailes que le instaban al arrepentimiento. Al llegar a la plaza y ver el patíbulo, comprendió que no habría clemencia. En un esfuerzo sobrehumano rompió las esposas, intentó arrebatar una espada y corrió hacia la colegiata para acogerse a sagrado.
Los voluntarios realistas lo derribaron tras un forcejeo. Atado con una gruesa soga, lo arrastraron hasta el cadalso. El verdugo se abrazó a él y se lanzó al vacío desde lo alto de la escalera para aumentar el tirón. Una alpargata salió despedida varios metros y el Empecinado falleció al instante, con el cuerpo ennegrecido por la violencia del ahorcamiento. Tenía 49 años. Su muerte cerró la trayectoria de un labrador que se convirtió en símbolo de resistencia popular contra el invasor francés y pagó con la vida su lealtad a las ideas liberales en la España de la restauración fernandina.
Ramírez de Velasco®

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