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| "Cita", de Raúl Cisterna |
Ante una propuesta rechazada, siempre hay dos maneras diferentes de entender lo que pasó
Vuelvo a escribir una nota que firmó una chica el otro día en Twitter. Al final pongo lo que pienso de estos asuntos, más allá de lo obvio, que una dama no debe exponer sus conversaciones con una ligereza tal que haría que cualquiera la considere una mujer liviana, como se decía antes.
Cuenta que tuvo una primera cita con un muchacho. Todo bien, ¿no? Cuando terminaron de cenar, la cuenta a pagar era de 120 mil pesos. Ella peló la tarjeta y dijo que pagaría la mitad. Él la atajó:
—Te he invitado yo. Pago yo.Pero ella insistió y terminó pagando a medias. Después él le propuso ir a su casa y ella respondió que prefería irse a la suya. Se despidieron y fueron cada cual por su lado.A la mañana siguiente, él le mandó un mensaje por WhatsApp con su alias, pidiéndole que pagara la mitad, “porque al final sólo fue una cena entre amigos”.
Ella le preguntó si le estaba cobrando media cena por no haber ido a su casa.
—No. Te estoy cobrando la mitad porque me dejaste en claro que no estabas interesada.
Ella le recordó que había sido la que propuso pagar a medias desde el principio y que él había insistido en invitarla.
Respondió el muchacho:
—Porque pensé que era una cita. Si al final sólo querías cenar y volver a casa, entonces pagamos como amigos.
Aquí se volvió más interesante el asunto, porque ella le dijo que no ir a su casa después de cenar no convertía una cita en una cena entre amigos.
El muchacho entonces le dijo:
—Tampoco puedes esperar que alguien te invite si ya sabes que no quieres que pase nada con él.
La chica entendió y le mandó los 60 mil pesos. Después le mandó el comprobante y escribió:
—Media cena. Y última cita.
Hasta aquí, lo que contó ella por Twitter.
Moraleja uno. Qué mal el muchacho: creyó que por 60 mil pesos compraba la noche de una chica.
Moraleja dos. La chica se hizo la que suponía que la invitaba para cenar, cuando es sabido que, en este mundo, sobre todo entre los jóvenes, nada es por nada.
Moraleja tres. Si se lee bien, hay que concluir que para ella una noche de sexo vale sólo 60 mil pesos.
Y conclusión. Él aprenderá a fijarse muy bien si la pileta tiene agua antes de lanzarse otra vez a las olas de una cita incierta. Ella ahora sabe que antes de acudir a una cita debe decirle al otro: “Pero, de coger ni hablemos”.
Eso nomás quería contarles.
Juan Manuel Aragón
A 21 de septiembre del 2026, en el kiosco de Papilo. Comprando el Patoruzú.
Ramírez de Velasco®



Elijo pensar que lasntres.moralejas y conclusiones finales son en broma y con intención de sarcasmo.
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