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RAREZAS Ah, los nombres

Los chicos y sus nombres

Algunos puntos que supuestamente consideran los padres cuando deben decidir cómo llamarán a sus hijos


Poner nombres de recién nacidos era cosa seria en la antigüedad: la cuestión principal era evitar diversos ridículos, el más visible de todos eran los de origen inglés con apellidos españoles. Hasta la década del 80 o quizás la del 70, un Kevin Gómez, un Braian (Brian, Brayan, Brallan) González, eran impensables, inimaginables, disculpe amigo si usted tiene un pariente que se llame así, pero antes se lo tenía no solamente como risible sino también como fruto de la colonización cultural norteamericana, que llegaba enlatada en películas del cine, programas de la televisión, en el envoltorio de los chicles Bazooka.
Tampoco eran bien visto los nombres italianos o franceses con apellidos españoles, un Jean Jacques Pérez medio que no cuajaba, lo mismo que una Antonella Rodríguez. Salvo que la madre tuviera apellido con ese origen y entonces no solamente se explicaba, sino que no quedaba malsonante y Anabella Rodríguez Giovannardi se explicaba por sí sólo.
Había nombres sacados de las novelas rosas de aquel entonces (escritas, por supuesto). Y así se explican, por dar un caso, los nombres de las hermanas de mi abuela Blanca Estela: Sara Edith, Olinda Clelia Ethel, Dora. Hoy suenan viejos, antiguos, pasados de moda, quizás en ese tiempo estuvieran en la cresta de la ola de los nombres más lindos.
Quien lea los fúnebres, verá que ya se murieron de viejos los que tenían nombres tomados del almanaque. Venían de un tiempo en que los argentinos creían en Dios, y la Santa Iglesia Católica era rectora de la vida de casi todos. Si usted nacía el 24 de junio, le ponían Juan, porque es la Navidad de San Juan Bautista, obviamente. Los del 19 de marzo eran José, o Pepe, apodo que también se sacaba del almanaque, porque decía “San José P.P, de Jesús”, ese “PP” era padre putativo, más sencillamente “Pepe”. Las del 8 de diciembre eran “María”, ya se sabe, por la Virgen.
Pero hay al menos una docena de santos y beatos por cada día del año, así que había para elegir. Por ahí, si nacía el 26 de junio a su padre se le ocurría ponerle Perseveranda, para honrar a la santa y debía cargar con el nombre o ser “doña Perse” toda su vida. Santa respetable, como que sufrió el martirio en el año 363 en la ciudad de Guadalajara, España. Pero no faltaban los “Circuncisión del Señor”, nacidos el 1 de enero o las “Fiesta Argentina”, del 25 de mayo. Si era del 24 de noviembre bien podía llamarse Crescenciano, Crisógono o Firmina, entre otros muchísimos nombres de respetables santos y santas, cuyas vidas la Iglesia Católica tenía como ejemplo de virtudes.
Algunos padres leían hagiografías (biografías de santos), en una figura que san Alejo era hijo de un senador romano llamado Eufemiano, y ahí nomás se lo ponían y, aunque usted no lo crea, Eufemiano quiere decir “de buen nombre” (tomá pa vos). Era lo más rebuscado que había en la antigüedad.
Otros nombres eran una tradición familiar, como está documentado en el libro “Cien años de Soledad”, de Gabriel García Márquez, cuyo principal personaje es Aureliano Buendía, cuyo hijo se llama José Aureliano Buendía, su nieto es Aureliano José y así, en una mescolanza que se necesita hacer un laburo de detectives para elaborar un árbol genealógico más o menos plausible de la novela. Bueno, en muchas casas argentinas sucedía lo mismo y no necesariamente eran de familias patricias, porque también los pobres conservaban tradiciones.
Hasta que un buen día se descajetó todo. ¿Por qué?, vaya uno a saber.
Ahora hay en Buenos Aires y el mundo, empresas destinadas a buscar nombres de chicos, y los hallan a la medida de cada uno. Nadie quiere que su recién nacido se llame Pablo, Andrés, Mariano, comunes y corrientes. Los más platudos andan a la pesca de los Demetrios, las Sorayas, las Lolas, los otros buscan en las películas norteamericanas o sacan a relucir a Elkin, dios de la mitología sumeria y se lo chantan al hijo. Si tiene suerte, será cantante colombiano y ganará dinero en la vida, si no, se conformará con ser uno más en la lista de los nombres raros de niños que algunas maestras atesoran para contar en reuniones de amigas.
Al parecer buscan que se llame como nadie en el mundo, pero, cuando los mandan al jardín de infantes, casi siempre se dan con que siempre hay otras veinte que se llaman Jessica, 42 Jonatan, 125 Isabella y ni un Ramón ni un Alberto ni un Jorge.
Por suerte, por estos pagos no se llegó al colmo de los cubanos que a las niñas les ponen nombres como Dayesí, Widayesí, Yumilsis, Yulieski, Usnavi (por USS Navy, la Marina de los Estados Unidos, en español), Odlanier, Dansisy. O los uruguayos que se llaman Próspero Yon Seneguer, Flash, Pejerto, Dulce, Teléfono, Filete, Árbol, Esmédico, Potranca Ruana. O los mejicanos, que ponen como caso extremo el de Aguideame, que no viene de los aztecas, olmecas, chichimecas o mayas, es simplemente la abreviatura de Águilas de América. También se pasan de imaginativos cuando llaman a sus hijos Abeceida, Apocalipsis, Apóstol, Archiver, Auxiliador, Baby, Baña, Jesucristo, México, Redentor, Sumición, Facebook, Fuera de línea, Rufian, Cancha, Cesárea y Aeropajito.
Entre los mejicanos también estaba el nombre rarísimo, quizás el más rebuscado de todos, ´Massiosare de Tabasco´. Cualquier interpretación es errónea, amigos. Viene del Himno Nacional de ese país, que en una parte dice “Mas si osare un extraño enemigo…”. Sería más o menos como si un argentino eligiera para su hijo o hija ´Vedentrono´ o ´Feboasoma´.
Pero hay muchos más casos de nombres raros, curiosos, inauditos, insólitos, extravagantes o, simplemente, originales. Abajo hay lugar para compartir el suyo o el de un conocido.
Juan Manuel Aragón
A 13 de noviembre del 2024, en Sirocco. Tomando un vermú.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Hay varios de amigos y conocidos. Los nombres Blanca, Rosa, Celeste, han ganado en intensidad y ahora son colores más fuertes, pero mejor cuento mi caso: Mi madre decía que mi primer nombre se debe a nuestra condición de cristianos. Coincidentemente, según me han contado, en esa época había una radionovela en la que había un monaguillo llamado Cristián.

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  2. ¡Genial tu escrito sobre los nombres! Como siempre tu texto te lleva a una lectura placentera, con sonrisas y exclamaciones. Un tiempo atrás, cuando aún se compraba el diario en papel, solía leer los avisos fúnebres para ver los nombres, algunos llamativos, raros, extravagantes. Recuerdo a doña Aeropagita, a doña Agatónica, pues no los encontré en ningún otro lado. Por otra parte, en mi infancia aún existían personas con los consabidos nombres de almanaque: Petrona Regalada, Fiesta Cívica, Benigna, Fiesta Patria, Epifanía, Policarpio y tantos otros.

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