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Mostrando las entradas etiquetadas como Raros

COSTUMBRES Los nombres que fuimos

Ilustración nomás Santos del almanaque, series extranjeras y otras fuentes de la elección revelan un modo de entender el mundo y la pertenencia cultural Marcelo. Rubén. Clara. Alicia. Ernesto. Rosa. Más o menos así eran los nombres cuando los elegían comunes, corrientes. Los padres sabían que, siendo un acto fundamental, no debían buscar la originalidad: eso estaba garantizado por la misma esencia humana. Así como no había dos personas iguales, un Juan Carlos no se parecía a otro. Aunque muchos no lo supieran, había conciencia del idioma en que se pronunciarían los nombres de pila. No se trataba solo de gusto o tradición: había una intuición del sonido, de la música del nombre dentro de la lengua materna. Los padres sabían, aunque no lo dijeran o no lo supieran, que un Juan o un María sonaban naturales en español, redondos, familiares. Un Pedro tenía peso; un Ana, dulzura. Cada nombre encajaba como una pieza dentro del idioma, sin chirridos ni extranjerías. Nadie pensaba en cómo lo pro...

PALABRAS Gentilicios raros o poco comunes

¿Cómo les dicen a los Hasenkamp? Las pequeñas o grandes marcas de identidad que se llevan pegadas al habla, a veces son un capricho de la lengua A Hebe Luz, obviamente Los gentilicios son pequeñas o grandes marcas y señales de identidad que llevamos pegadas al habla como una bandera en miniatura. Sirven para decir de dónde venimos sin necesidad de mapa, y se forman —casi siempre— añadiendo sufijos juguetones como -eño, -ense, -ino, -ano, -és al nombre del lugar: de Córdoba, cordobés; de Corrientes, correntino; de Gualeguay, gualeyo. Pero la lengua, más viva que reglamentaria, hace de las suyas: a veces los transforma por eufonía, pereza o picardía. Así aparecen los raros, los simpáticos, los caprichosos: pueblerinos, uruguayenses, napaleofucenses, infiernícolas. A veces cambian porque cambia la gente y su forma de nombrarse. Un vecino que quiere distinguirse inventa uno nuevo; otro, más práctico, lo acorta; un tercero lo convierte en chiste. También influyen la escuela, la prensa, la b...

RAREZAS Ah, los nombres

Los chicos y sus nombres Algunos puntos que supuestamente consideran los padres cuando deben decidir cómo llamarán a sus hijos Poner nombres de recién nacidos era cosa seria en la antigüedad: la cuestión principal era evitar diversos ridículos, el más visible de todos eran los de origen inglés con apellidos españoles. Hasta la década del 80 o quizás la del 70, un Kevin Gómez, un Braian (Brian, Brayan, Brallan) González, eran impensables, inimaginables, disculpe amigo si usted tiene un pariente que se llame así, pero antes se lo tenía no solamente como risible sino también como fruto de la colonización cultural norteamericana, que llegaba enlatada en películas del cine, programas de la televisión, en el envoltorio de los chicles Bazooka. Tampoco eran bien visto los nombres italianos o franceses con apellidos españoles, un Jean Jacques Pérez medio que no cuajaba, lo mismo que una Antonella Rodríguez. Salvo que la madre tuviera apellido con ese origen y entonces no solamente se explicaba,...