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HISTORIA La fortuna de estar enamorado

Mi rostro de todos los días

La narración, en primera persona, de lo que sucedió el día que decidió casarse con una chica a quien conoció unas horas antes

Soy un hombre, afortunadamente enamorado, y perdone si se lo cuento así, de manera entusiasta, pero es lo que me viene sucediendo desde que encontré a la que luego sería mi mujer. A continuación, le narro cómo sucedió, a ver si logro hacerme entender.
Me casé la noche del 18 al 19 de enero del 2003, cuando el Fisco de Fátima recuerda a la Virgen Desamparada todos los años, en Santiago al norte. Hubo una fiesta campesina de la que recuerdo los nervios de ella, la alegría de algunos de mis hermanos, y que mi padre se quedó hasta que las velas no ardieron. Los vecinos y amigos aportaron cada cual lo suyo: uno un cabrito, otro un lechón o una gallina. Después hubo que poner unos pesos para las mesas y sillas, pero no mucho, porque la gente allá es sencilla, sin grandes champanes ni caviares ostentosos.
Párrafo aparte para el amigo Juan Torres, que me preguntó si quería de regalo la publicidad. Le dije que sí, aunque no sabía qué venía a ser. Creía que se trataba de un auto con un parlante que iría diciendo por el pueblo: “Hoy se casa Juan Aragón”. Pero era la música, es decir, los bafles y los casetes con las canciones para el baile: cumbia, guaracha, pasodoble y “camarones que se duermen se los lleva la corriente”. Todo salió bien.
Hubo pocos invitados míos porque era en su lejano pago y no todos tenían un vehículo para ir. Rafa llegó temprano en la combi, por suerte, porque era un amigo que me venía acompañando desde antes, en las buenas y, sobre todo, en las malas. También estuvo Ramón Omar Montenegro, pastor evangélico, que me brindaba amistad —y me aguantaba— a pesar de que siempre le apuntaba que era un hereje y que debería convertirse a la fe católica, apostólica y romana para salvar su alma.
Tuve un noviazgo romántico y de apenas unas horas. No nos conocíamos casi nada y aun así decidimos que debíamos casarnos. Yo pensaba: “Si la pego, la pego, y si no, pecho”. Por suerte la pegué y la jugada salió bien. De lo contrario, hubieran tenido razón los agoreros, y sobre todo agoreras, que pronosticaban unos meses de pasión y lujuria y luego tristeza, desolación y abandono.
Sigo enamorado, no como el primer día, sino de una manera incomparable. Me siento feliz cada vez que recuerdo que, cuando llegaron los hijos, formamos una familia distinta de la que ella traía del pago y diferente de la que yo conocía de enantes.
Eso es todo, amigos, porque todos saben que a veces el cariño no tiene grandes historias, no es rimbombante, no viene envuelto en papel celofán. Al final de cuentas el amor había sabido ser una larga paciencia sostenida por sus ojos siempre sensatos y las risas con los hijos, dos ángeles siempre graciosos que nos han robado el corazón.
El resto es anécdota.
Juan Manuel Aragón
A 18 de enero del 2026, en Uturunco. Esperando la lluvia.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc18 de enero de 2026 a las 8:15

    Feliz aniversario, amigo. Felices años venideros para ustedes.

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  2. Feliz aniversario Marcela y Juan Manuel! Por muchos años más!!

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