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| Ilustración |
Miguel de Cervantes Saavedra
–Hermosita, hermosita,
la de las manos de plata,
más te quiere tu marido
que el Rey de las Alpujarras.
Eres paloma sin hiel,
pero a veces eres brava
como leona de Orán,
o como tigre de Ocaña.
Pero en un tras, en un tris,
el enojo se te pasa,
y quedan como alfeñique,
o como cordera mansa.
Riñes mucho y comes poco:
algo celosita andas;
que es juguetón el teniente,
y quiere arrimar la vara.
Cuando doncella, te quise
uno de una buena cara;
que mal hayan los terceros,
que los gustos desbaratan.
Si a dicha tú fueras monja,
hoy tu convento mandaras,
porque tienes de abadesa
más de cuatrocientas rayas.
No te lo quiero decir…;
pero poco importa, vaya:
enviudarás, y otra vez,
y otras dos, serás casada.
No llores, señora mía;
que no siempre las gitanas
decimos el Evangelio;
no llores, señora, acaba.
Como te mueras primero
que el señor teniente, basta
para remediar el daño
de la viudez que amenaza.
Has de heredar, y muy presto,
hacienda en mucha abundancia;
tendrás un hijo canónigo,
la iglesia no se señala;
de Toledo no es posible.
Una hija rubia y blanca
tendrás, que si es religiosa,
también vendrá a ser perlada.
Si tu esposo no se muere
dentro de cuatro semanas,
verasle corregidor
de Burgos o Salamanca.
Un lunar tienes, ¡qué lindo!
¡Ay Jesús, qué luna clara!
¡Qué sol, que allá en los antípodas
oscuros valles aclaración!
Más de dos ciegos por verle
dieran más de cuatro blancas.
¡Ahora sí es la risica!
¡Ay, que bien haya esa gracia!
Guarde las caídas,
principalmente de espaldas,
que suelen ser peligrosas
en las damas principales.
Cosas hay más que decirte;
si para el viernes me guardadas,
las oirás, que son de gusto
y algunas hay de desgracias!
Ramírez de Velasco®
la de las manos de plata,
más te quiere tu marido
que el Rey de las Alpujarras.
Eres paloma sin hiel,
pero a veces eres brava
como leona de Orán,
o como tigre de Ocaña.
Pero en un tras, en un tris,
el enojo se te pasa,
y quedan como alfeñique,
o como cordera mansa.
Riñes mucho y comes poco:
algo celosita andas;
que es juguetón el teniente,
y quiere arrimar la vara.
Cuando doncella, te quise
uno de una buena cara;
que mal hayan los terceros,
que los gustos desbaratan.
Si a dicha tú fueras monja,
hoy tu convento mandaras,
porque tienes de abadesa
más de cuatrocientas rayas.
No te lo quiero decir…;
pero poco importa, vaya:
enviudarás, y otra vez,
y otras dos, serás casada.
No llores, señora mía;
que no siempre las gitanas
decimos el Evangelio;
no llores, señora, acaba.
Como te mueras primero
que el señor teniente, basta
para remediar el daño
de la viudez que amenaza.
Has de heredar, y muy presto,
hacienda en mucha abundancia;
tendrás un hijo canónigo,
la iglesia no se señala;
de Toledo no es posible.
Una hija rubia y blanca
tendrás, que si es religiosa,
también vendrá a ser perlada.
Si tu esposo no se muere
dentro de cuatro semanas,
verasle corregidor
de Burgos o Salamanca.
Un lunar tienes, ¡qué lindo!
¡Ay Jesús, qué luna clara!
¡Qué sol, que allá en los antípodas
oscuros valles aclaración!
Más de dos ciegos por verle
dieran más de cuatro blancas.
¡Ahora sí es la risica!
¡Ay, que bien haya esa gracia!
Guarde las caídas,
principalmente de espaldas,
que suelen ser peligrosas
en las damas principales.
Cosas hay más que decirte;
si para el viernes me guardadas,
las oirás, que son de gusto
y algunas hay de desgracias!
Ramírez de Velasco®

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