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| Ruinas de Ibatín |
El 10 de septiembre de 1685, un pregón hizo pública en San Miguel de Tucumán la decisión de trasladar la ciudad de Ibatín a La Toma
El 10 de septiembre de 1685, un pregón hizo pública en San Miguel de Tucumán la decisión de trasladar la ciudad desde Ibatín hasta La Toma, en el que permanece actualmente. La disposición había sido adoptada por el gobernador del Tucumán, Fernando de Mendoza y Mate de Luna, después de años de discusiones sobre la conveniencia de abandonar el antiguo emplazamiento, castigado por inundaciones, enfermedades, dificultades económicas y el deterioro de sus construcciones.La ciudad había sido fundada el 31 de mayo de 1565 por Diego de Villarroel, por orden del gobernador Francisco de Aguirre, en un lugar conocido como Ibatín. Durante más de un siglo, San Miguel de Tucumán permaneció allí como uno de los principales asentamientos españoles de la Gobernación del Tucumán, vinculado a las rutas que comunicaban el territorio con el Alto Perú.Las dificultades del antiguo asentamiento habían comenzado a acumularse mucho antes de 1685. Una gran inundación ocurrida en 1678 provocó graves daños y llevó a discutir la posibilidad de abandonar Ibatín. El desborde de los cursos de agua afectaba viviendas, calles y cultivos, mientras las condiciones sanitarias favorecían la aparición de enfermedades, entre ellas las fiebres palúdicas.
El deterioro no se limitaba a los problemas ambientales. La ciudad había perdido buena parte de su actividad comercial después de los cambios en las rutas utilizadas para comunicar el Tucumán con el Perú. Las guerras contra los pueblos calchaquíes también habían alterado los circuitos económicos y la seguridad de la región. Con el paso de los años, numerosas construcciones quedaron arruinadas y disminuyó considerablemente la población.
La alternativa elegida fue La Toma, un paraje situado más al norte de Ibatín, próximo al río Salí y al pie de las sierras de San Javier. Allí convergían caminos utilizados por comerciantes y viajeros y existían condiciones que favorecían la comunicación con otras poblaciones. El nuevo emplazamiento ofrecía, además, una ubicación considerada más conveniente para el desarrollo económico de la ciudad.
La decisión no fue aceptada sin resistencia. En 1684, el Cabildo había solicitado al gobernador que no se concretara la mudanza y presentó diversos argumentos contra La Toma. Entre ellos figuraban la proximidad del nuevo sitio al Chaco, las dificultades para trasladar las encomiendas y la consideración de que las construcciones de Ibatín todavía podían ser aprovechadas.
El gobernador Fernando de Mendoza y Mate de Luna resolvió finalmente ejecutar la medida. Desde Salta, el 18 de agosto de 1685, dictó el auto que ordenaba la traslación y encomendó su cumplimiento a su lugarteniente en San Miguel de Tucumán, el capitán Miguel de Salas y Valdés. La orden debía terminar con las discusiones que durante años habían demorado el cumplimiento de la decisión.
El pregón del 10 de septiembre hizo pública la disposición ante los habitantes. Según la documentación histórica, fueron anunciados la cédula real y los autos relacionados con el traslado por el pregonero Diego, esclavo del procurador de la ciudad. La publicación de esas disposiciones fue uno de los pasos formales previos a la instalación de San Miguel en La Toma.
Los trámites continuaron durante ese mes. El 17 de septiembre, los integrantes del Cabildo se reunieron para avanzar en las medidas necesarias, y el 24 comenzó formalmente la mudanza hacia el nuevo emplazamiento. La documentación conservada registra, además, actuaciones realizadas los días 25, 27, 28 y 29 de septiembre. Durante la ceremonia jurídica se trasladaron símbolos fundamentales de la ciudad, entre ellos el Real Estandarte, el Árbol de la Justicia y la Caja del Archivo.
La nueva San Miguel de Tucumán quedó establecida en La Toma, junto al río Salí y próxima a las sierras de San Javier. La traza conservó características de la antigua ciudad, aunque se amplió la cuadrícula urbana. El asentamiento de Ibatín quedó abandonado progresivamente, mientras el nuevo núcleo comenzó a desarrollar la ciudad que, con el paso de los siglos, se convertiría en la capital de la provincia de Tucumán.
Ramírez de Velasco®


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