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| "El tren del centro", acuarela de Raúl Cisterna |
La inteligencia artificial ya reemplaza tareas humanas y obliga a imaginar un mundo completamente distinto
Los trenes dejaron sin trabajo a miles de carreros en todo el mundo. Cientos de caravanas de vehículos tirados por caballos o bueyes, desaparecieron el día que el ferrocarril unió los lugares por los que transitaban. Algo parecido provocaron los tractores con los arados de mancera, las topadoras con los hacheros, los automóviles con los coches de plaza, el teléfono celular con los carteros. Cada invento deja a muchos sin trabajo porque la máquina lo hace mejor.
¿A qué se dedican los desplazados?Se adaptan a los nuevos tiempos o vegetan sin esperanzas viviendo quién sabe de qué. La inteligencia artificial está abriendo un nuevo mundo a la humanidad. Es una herramienta que permite desde diagnósticos médicos más rápidos y seguros hasta la posibilidad cercana de que el derecho, como conflicto de intereses, sea resuelto en segundos, sin necesidad de contratar un abogado o presentar el caso a un juez. Además, realiza ya innumerables tareas.
¿Siempre será necesaria la gente? Obviamente sí, un mundo de máquinas viviendo solamente para sí mismas es inconcebible. ¿Qué habrá después de que las máquinas se generalicen y puedan ser periodistas, corredores de bolsa o cantantes?
Los abuelos no vislumbraron el mundo de hoy, con estos otros complejos problemas que se plantean. El desafío es inmenso. Probablemente los programas de inteligencia artificial no apelen a la razón o al talento del hombre sino a su capacidad para idear nuevos desafíos, una vida asentada sobre otros parámetros.
Los ferrocarriles no pidieron permiso a los carreros para instalarse. Durante un tiempo los modos antiguos de producción conviven con los nuevos hasta que desaparecen definitivamente. Mientras tanto, los hijos nacen en un mundo al que no deben adaptarse porque es el suyo. Quizás ese paso hacia lo nuevo, esta vez demore algo más, o el replanteo de la vida misma deba ser más profundo. Exigir otras habilidades para trabajos que hoy no existen.
Lo que sí es seguro es que volver atrás, suprimir los últimos adelantos de la computación, como un acuerdo global para lograr algo que no se conoce, sería un contrasentido. Además, en el estado actual de las disputas globales, ¿quién será el primero? Para empezar las grandes corporaciones, que dejaron sin trabajo a miles de personas en pocos meses, dirán "nosotros no". Los países en guerra tampoco querrán prescindir de esta formidable arma. Y así hasta llegar al último usuario de un celular, que no solamente le pregunta, sino que también le consulta asuntos de su vida íntima o simples datos de la realidad.
En el camino habrá muchos heridos. Sobre todo porque es la primera vez que la humanidad da un salto tan grande: crea un instrumento que piensa. Ya no es fuerza física lo reemplazado, sino habilidad intelectual.
En una sociedad que acepta sin hesitar la desaparición del dinero físico y ve florecer bancos casi sin personal a la vista, dejar de lado este adelanto equivale a retroceder varios casilleros. Luego muchos podrían reclamar lo mismo. Los gremios de trabajadores, por caso, pierden afiliados cada hora.
Por otra parte, aun quienes se oponen a los vientos de la modernidad se dejan acariciar por ellos. Así, el chasqui reemplazado por el tren, si debe viajar, tomará uno, no porque no le queda más remedio, sino porque sabe que es más rápido y seguro. Quienes sostienen que la inteligencia artificial es poco menos que un invento del diablo, se sirven de ella para la vida diaria. No les molesta lo nuevo, sí la incertidumbre del almanaque cambiado.
Desde Santiago del Estero, en la otra punta de la civilización, se podría decir que, antes que tapar el panorama con una cortina, conviene correrla de una buena vez para ver qué hay del otro lado de la ventana. Si no para averiguar qué será de la vida de los adultos, que ya están jugados, al menos para saber a qué se deberán enfrentar los jóvenes.
Deben prepararse para un escenario que pide flexibilidad porque podría ser brutal.
Y no le van a dar la elegida, amigo.
Juan Manuel Aragón
Martes 9 de junio del 2026, en Tarapaya. Ordeñando una vaca.
Ramírez de Velasco®
Los abuelos no vislumbraron el mundo de hoy, con estos otros complejos problemas que se plantean. El desafío es inmenso. Probablemente los programas de inteligencia artificial no apelen a la razón o al talento del hombre sino a su capacidad para idear nuevos desafíos, una vida asentada sobre otros parámetros.
Los ferrocarriles no pidieron permiso a los carreros para instalarse. Durante un tiempo los modos antiguos de producción conviven con los nuevos hasta que desaparecen definitivamente. Mientras tanto, los hijos nacen en un mundo al que no deben adaptarse porque es el suyo. Quizás ese paso hacia lo nuevo, esta vez demore algo más, o el replanteo de la vida misma deba ser más profundo. Exigir otras habilidades para trabajos que hoy no existen.
Lo que sí es seguro es que volver atrás, suprimir los últimos adelantos de la computación, como un acuerdo global para lograr algo que no se conoce, sería un contrasentido. Además, en el estado actual de las disputas globales, ¿quién será el primero? Para empezar las grandes corporaciones, que dejaron sin trabajo a miles de personas en pocos meses, dirán "nosotros no". Los países en guerra tampoco querrán prescindir de esta formidable arma. Y así hasta llegar al último usuario de un celular, que no solamente le pregunta, sino que también le consulta asuntos de su vida íntima o simples datos de la realidad.
En el camino habrá muchos heridos. Sobre todo porque es la primera vez que la humanidad da un salto tan grande: crea un instrumento que piensa. Ya no es fuerza física lo reemplazado, sino habilidad intelectual.
En una sociedad que acepta sin hesitar la desaparición del dinero físico y ve florecer bancos casi sin personal a la vista, dejar de lado este adelanto equivale a retroceder varios casilleros. Luego muchos podrían reclamar lo mismo. Los gremios de trabajadores, por caso, pierden afiliados cada hora.
Por otra parte, aun quienes se oponen a los vientos de la modernidad se dejan acariciar por ellos. Así, el chasqui reemplazado por el tren, si debe viajar, tomará uno, no porque no le queda más remedio, sino porque sabe que es más rápido y seguro. Quienes sostienen que la inteligencia artificial es poco menos que un invento del diablo, se sirven de ella para la vida diaria. No les molesta lo nuevo, sí la incertidumbre del almanaque cambiado.
Desde Santiago del Estero, en la otra punta de la civilización, se podría decir que, antes que tapar el panorama con una cortina, conviene correrla de una buena vez para ver qué hay del otro lado de la ventana. Si no para averiguar qué será de la vida de los adultos, que ya están jugados, al menos para saber a qué se deberán enfrentar los jóvenes.
Deben prepararse para un escenario que pide flexibilidad porque podría ser brutal.
Y no le van a dar la elegida, amigo.
Juan Manuel Aragón
Martes 9 de junio del 2026, en Tarapaya. Ordeñando una vaca.
Ramírez de Velasco®


Por ahora el banco de datos llamado "Inteligencia" Artificial muestra muchas fallas, como el error en algunos datos y las feas imágenes, incluso con rostros repetidos en grupos más o menos grandes. En una de esas se vuelve tan infalible como tantos reyes inmortales o imperios que debían durar por lo menos mil años. ¿Lo conversamos dentro de cien años?
ResponderEliminarEl mundo desarrollado no deja de generar nuevas tecnologías, las cuales no sólo representan nuevas formas de consumo energético sino que además reemplaza vastos sectores de la fuerza laboral.
ResponderEliminarAún así, en estos países la tasa de desempleo nunca aumenta, lo que claramente indica que el hecho siempre produce el surgimiento de nuevos trabajos que generan una mayor demanda laboral.
Y en todos los casos estos trabajos son de mayor nivel y mejor remunerados.