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JUEGO Instrucciones para ir a la tabeada

"Taba (interpretación de Molina Campos)", de Raúl Cisterna

Qué debe hacer y qué no, si lo invitan y cómo tener suerte en un juego que no es de azar: etiqueta y protocolo


¿Qué etiqueta debe seguirse para asistir a una tabeada? Esta nota intentará explicar no solamente cómo debe ser el comportamiento de quien va por primera vez a este tipo de reunión, sino también cómo se juega.
Un diccionario que escribiré algún día, explica el asunto: Dos jugadores se ponen a unos cinco o siete metros a cada lado de una raya trazada en la tierra y se turnan para lanzar una taba hacia el lado contrario. Gana quien logre que caiga con el lado cóncavo hacia arriba llamado suerte. Si cae con el lado plano hacia arriba llamado culo pierde la apuesta y si queda parada de punta, "pinino" suele pagar doble o triple según lo acordado.
Artículo primero: el protocolo es arduo y habrá que tener mucho cuidado, pues se pisa un terreno cenagoso, repleto de trampas para los incautos que intenten acudir. Lo primero que deberá hacer, antes de confirmar la invitación, es que sea en un lugar alejado de una comisaría, pero si comprueba que asistirá algún famoso tabeador, que reviste como numerario en las fuerzas del orden, quédese tranquilo y vaya nomás.
Artículo segundo. Tenga en cuenta que, en Santiago, los juegos de azar tienen dos dueños, uno es el Estado, que se reserva para sí la organización de los más grandes, pero como dice que no puede administrarlo por sí solo, se hizo de un socio celoso, perro bravo, cuidador de esa exclusividad. Quienes no saben manejar una taba— el astrágalo, hueso duro de la pata de la vaca— creen que es un juego de azar, porque la suelen lanzar al que me importa, como quien arroja un dado sobe la mesa. Las autoridades suelen perseguir a organizadores y jugadores más por el bochinche y las peleas que se suscitan que por defender el dudoso derecho del Estado y su socio a cobrar a la cañota, la comisión, báh. Pero en realidad se trata de un juego que requiere una habilidad inaudita.
Artículo tercero. Queda terminantemente prohibido pedir el hueso bajo ninguna excusa si no ha pasado largos años tirando una taba en el patio de su casa, entrenando la muñeca y el brazo para tal menester. Si tal hace, lo mirarán con recelo, como si estuviera averiguando si está cargado para dar ventajas a quienes saben el secreto. Dicen los entendidos que la taba cargada tiene un hueco perfectamente disimulado en su interior, e introdujeron una gota de mercurio mediante un pequeño orificio luego disimulado: su dueño sabe el secreto y pasó largas horas practicando con ella, así que es difícil que falle, pero los contrarios al no estar habituados, fallarán el tiro, posiblemente sin saber por qué. Está permitido, después de observar cómo juega uno y otro, apostar desde afuera, como simple mirón.
Artículo cuarto. Reprima la tentación de hacer "unos tiros", como dicen los paisanos, lo más probable es sea una invitación a reírse de usted por lo bajo o a boca batiente. Tampoco se acerque mucho cuando vea a jugadores o a público discutiendo, sabido es que muchos pendencieros acuden a esos lugares, sólo a dar rienda a sus espíritus peleadores y bochincheros: hay casos documentados en los diarios de provincias, que podrían dar fe de esta situación.
En todo caso, al menos la primera vez lo mejor sería que no tire ni apueste, adopte, si puede, la actitud de un mirón cualquiera.
Artículo cinco. Si el concurrente llegara a entusiasmarse, cuando vuelva a su casa, consiga una taba, entrénese tirándola al menos dos horas por día durante seis meses y cuando vuelva a la tabeada, arriesgue unos pesos confiando en su habilidad.
Artículo seis. Comuníquese, publíquese, dese al Registro Oficial y archívese.
Artículo siete. De forma.
Juan Manuel Aragón
A 22 de julio del 2026, en Vinal Esquina. Tomando tereré.
Ramírez de Velasco®

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