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| El Estado Islámico se jacta de los muertos |
El 8 de septiembre de 2025, el Estado Islámico perpetró una masacre en Ntoyo, República Democrática del Congo
El 8 de septiembre de 2025, el grupo terrorista Estado Islámico perpetró una masacre en la aldea de Ntoyo, en el territorio de Lubero, provincia de Norte de Kivu, República Democrática del Congo. Mató a 121 cristianos durante un funeral, capturando y ejecutando a mujeres y niños, y quemando casas, según una publicación que hicieron ellos mismos. Los hechos reflejaron la violencia sistemática contra comunidades cristianas en la región, marcada por la presencia de grupos yihadistas afiliados.El ataque ocurrió en un funeral en Ntoyo, una aldea rural en el este del Congo, en que los habitantes son mayoritariamente cristianos. Ese día se habían reunido para honrar a un muerto. Hombres armados con ametralladoras, machetes y hachas irrumpieron en la ceremonia a media mañana. La violencia dejó un saldo inicial de 89 muertos, según autoridades locales, aunque el grupo terrorista reivindicó 121 víctimas en su boletín semanal. Entre los muertos había mujeres y niños, algunos ejecutados por su negativa a convertirse al Islam.La masacre fue reivindicada por la rama africana del Estado Islámico, conocida como Provincia de África Central, que opera en el Congo a través de las Fuerzas Democráticas Aliadas, un grupo rebelde ugandés aliado desde 2017. En su publicación, distribuida en canales en línea, los terroristas describieron el ataque como una operación contra “infieles”. Afirmaron haber capturado a 21 mujeres, ejecutándolas, y ofrecido a los niños la conversión forzada antes de matarlos. También informaron de la quema de 30 casas y la destrucción de motocicletas.
El este del Congo lleva décadas sumido en conflictos por el control de recursos minerales, con grupos armados que operan con relativa impunidad. Norte de Kivu e Ituri son epicentros de violencia, donde las Fuerzas Democráticas Aliadas han intensificado sus ataques contra civiles cristianos desde 2024. En lo que va de 2025, hubo más de 600 muertes atribuidas a este grupo, entre ellos 43 en una iglesia en julio y 50 en ataques múltiples en agosto del año pasado.
La ceremonia atacada en Ntoyo era un rito comunitario, lo que aumentó el impacto psicológico en los sobrevivientes. Testigos locales describieron escenas de caos, con cuerpos esparcidos en el lugar del funeral y casas reducidas a cenizas. Radios comunitarias informaron que los atacantes saquearon bienes antes de huir hacia bosques cercanos, dificultando su captura por las fuerzas de seguridad.
El ejército congoleño desplegó tropas tras el ataque, pero la respuesta fue limitada por falta de recursos y la complejidad del terreno. El administrador de Lubero, confirmó que los hospitales locales atendieron a decenas de heridos, muchos con cortes profundos y quemaduras. La estructura médica, ya precaria, enfrentó dificultades para responder a la emergencia.
La comunidad cristiana, que representa la mayoría en Norte de Kivu, ha enfrentado ataques sistemáticos. Organizaciones internacionales estimaron que más de 10.000 personas han sido desplazadas en la región hasta ese momento debido a la violencia yihadista. Los ataques buscan desestabilizar aldeas y forzar conversiones.
La Unión Europea y organizaciones cristianas calificaron la masacre como parte de una persecución religiosa. La misión de paz de las Naciones Unidas en el Congo prometió investigar, aunque su capacidad para proteger civiles es limitada. Los líderes locales pidieron mayor apoyo militar para contrarrestar a los grupos armados.
La propaganda del Estado Islámico difundió imágenes del ataque, mostrando cuerpos y casas quemadas para atraer reclutas. Este material, compartido en plataformas en línea, busca ampliar el terror y consolidar la presencia del grupo en África. La masacre de Ntoyo se suma a una serie de atrocidades que han generado indignación en redes sociales y medios globales.
La violencia agravó la crisis humanitaria en el Congo. La falta de alimentos, agua y refugio afecta a millones. La masacre del 8 de septiembre de 2025 marcó un nuevo capítulo en la tragedia de una región atrapada entre el fanatismo y la indiferencia global.
Ramírez de Velasco®



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