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| "Pasame po el mate. ¡Meta!", de Raúl Cisterna |
Quizás recuperemos una palabra nuestra para no repetir automáticamente lo que viene empaquetado desde afuera
Feliz cumpleaños Cope
Cada vez que alguien dice “oquei” me dan ganas de averiguarle por qué lo hace. Mejor dicho, por qué abusa de una palabra que quizás no entiende. A quién cree que le ganó. Capaz que es de los que piensan que para ser un adulto hay que copiarle los pequeños gestos en vez de crecer. Muchas veces lo he preguntado. Me han dicho que hablan con el “oquei” sin darse cuenta, porque está en todos lados, en la computadora, el teléfono, en las instrucciones para curar un mate.—Sí, pero vos tienes entendimiento y sos una persona culta, como para percatarte de lo que no está bien —digo yo. Es caminar para allá, cuando la procesión viene para aquí. Difícil el asunto.Ese vocablo lo usan todos, desde gente que entiende muy bien el inglés y sabe que la colonización mental siempre empieza por el idioma, hasta quienes no entienden una palabra de la lengua de Guillermo Shakespeare y Donald Trump. Desde defensores de la identidad nacional hasta cantantes de rock, pasando por folkloristas, que incluso la lanzan desde el escenario en lo mejor de la fiesta. Sin que nadie los abuchee.
Todo el mundo está oquei. Algunos dan el oquei. Otros piden el oquei. Hay quienes reparten el oquei. Y quienes lo reciben.
—¿Oquei?
—Oquei.
Pero quién sos, me preguntan algunos, para enjuiciar un término tan común. Y en todo caso, qué propones para reemplazarlo.
Primero, soy nadie, eso está bien claro. Segundo, en vez de oquei, opino que se debería usar “meta”. Y no es un invento mío, como podría suponer un lector lejano. La palabra figura, con este mismo significado, en el vocabulario "Cómo habla el santiagueño", del profesor Elvio Aroldo Ávila. Ahí dice: "No ni un sustantivo ni una inflexión del verbo meter, sino un verdadero adverbio de afirmación, de aprobación, que se presenta casi carente de contenido semántico, como si estuviese en vías de gramaticalización, ya que en algunos casos tiene el valor de una interjección o de una expresión exclamativa".
Como reemplazo del "oquei" se la emplea así:
—¿Vamos a la plaza?
—¡Meta!
—¿Tomamos un café?
—Meta.
Claro, usté dirá que el "mt" no funciona en todos los casos igual, porque cuando le pregunten cómo anda, usted no va a decir "estoy meta" y, si le preguntan por lo que está organizando tampoco responderá "todo meta". Pero el "meta" tiene una profundidad que no tiene el oquei, como cuando se dice "ese es un baile de meta y ponga", porque puede pasar cualquier cosa, por lo que convendría llevar un cuchillo, por las dudas. O cuando uno cuenta "anoche me pasé meta estudio".
El paraguayo Augusto Roa Bastos, en su cuento "Bajo el puente", usa el vocablo de manera parecida. En este cuento pone en boca del maestro: "Lo mucho nunca costó poco. Meta, a cantar entonces".
Para acortar, propongo la abreviatura “Mt”. Que sería argentina, bien criolla, es decir. Además, podría convertirse en una forma de afirmar nuestra identidad, en vez de buscar en palabras extranjeras, afirmaciones que no tienen nada que ver con nuestra forma de pensar, de vivir. Sin andar de bota y bombacha ni andar gritando "huija rendija", se puede ser gaucho, sólo hay que refirmar todos los días la decisión de amar a Dios por sobre todas las cosas y a la patria como a nosotros mismos.
Vamos, diga que no es tan difícil. ¡Meta!
Juan Manuel Aragón
A 7 de septiembre del 2026, en el bar Unión. Cafeteando la mañana.
Ramírez de Velasco®


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