| Gregorio Aráoz de Lamadrid |
El 3 de julio de 1827, en Tucumán, fuerzas federales de Juan Facundo Quiroga avanzan hacia Gregorio Aráoz de Lamadrid y luego le ganan
El 3 de julio de 1827, en inmediaciones del lugar conocido como Rincón del Manantial o Rincón de Valladares, cerca de San Miguel de Tucumán, fuerzas federales comandadas por Juan Facundo Quiroga avanzaron hacia el enfrentamiento decisivo contra el ejército unitario del gobernador Gregorio Aráoz de Lamadrid. El combate, que culminaría pocos días después con una victoria federal, definió el control político de la provincia y modificó el equilibrio de poder en el noroeste argentino.El enfrentamiento tuvo su origen en la creciente confrontación entre unitarios y federales tras la sanción de la Constitución de 1826, impulsada durante la presidencia de Bernardino Rivadavia. Varias provincias rechazaron ese texto por considerarlo excesivamente centralista y contrario a sus autonomías, mientras Tucumán, bajo la conducción de Lamadrid, permanecía alineada con el proyecto rivadaviano.Quiroga llegaba fortalecido después de su victoria en la batalla de El Tala, librada el año anterior. Convencido inicialmente de que Lamadrid había muerto por las heridas sufridas en aquel combate, regresó a otras campañas, pero el gobernador tucumano sobrevivió, reorganizó sus fuerzas e incluso volvió a intervenir militarmente en Catamarca para sostener gobiernos afines al unitarismo.
La nueva ofensiva federal reunió a contingentes riojanos bajo el mando de Quiroga y a tropas santiagueñas enviadas por el gobernador Juan Felipe Ibarra. Del otro lado, Lamadrid dispuso una fuerza superior en número, integrada por caballería, infantería y artillería, con la intención de detener el avance enemigo antes de que alcanzara la capital tucumana.
Durante los primeros movimientos de la batalla, la caballería unitaria consiguió desorganizar a parte de las fuerzas federales y obligó a retroceder a los hombres de Ibarra. Sin embargo, la persecución de esos contingentes dejó descubierta una porción de la línea de Lamadrid, circunstancia que Quiroga aprovechó para lanzar a sus reservas contra el centro del dispositivo adversario.
La infantería federal resistió el embate inicial y avanzó mientras la reserva modificaba el curso del combate. Cuando la caballería tucumana regresó de la persecución, encontró buena parte de su formación desarticulada y con graves pérdidas, y terminó retirándose del campo de batalla.
Las bajas fueron importantes en ambos bandos y la violencia no concluyó con el fin de las acciones militares. Diversos testimonios históricos señalan que, en los días posteriores, varios oficiales unitarios capturados fueron fusilados por orden de Quiroga, lo que aumentó el saldo trágico del enfrentamiento y alimentó la dureza característica de las guerras civiles argentinas.
Derrotado militarmente y sin respaldo suficiente para reorganizar sus fuerzas, Lamadrid abandonó Tucumán y se dirigió hacia San Carlos. Desde allí continuó su retirada hasta cruzar la frontera y exiliarse en Bolivia, alejándose temporalmente de la escena política argentina mientras el predominio federal se consolidaba en la región.
Con el camino despejado, Quiroga ingresó en San Miguel de Tucumán y promovió la designación del dirigente federal Nicolás Laguna como gobernador provincial. El cambio de autoridades marcó el desplazamiento del sector unitario y aseguró para los federales el control político de Tucumán en aquella etapa del conflicto civil.
La victoria en Rincón del Manantial puso fin a una fase de las luchas entre unitarios y federales en las provincias y confirmó la influencia militar y política de Facundo Quiroga en el noroeste. También evidenció el rechazo de varias provincias al proyecto constitucional de 1826 y anticipó nuevas confrontaciones que continuarían definiendo la organización institucional de la Argentina durante las décadas siguientes.
Ramírez de Velasco®

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