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1872 AGENDA TUCUMANA Banco

La moneda nacional fundió la sucursal

El 1 de julio de 1872 se instala en Tucumán una sucursal del Banco de San Juan, por gestiones de comerciantes tucumanos

El 1 de julio de 1872 se instaló en San Miguel de Tucumán una sucursal del Banco de San Juan, que quedó registrada como el primer establecimiento bancario formal en la provincia, cuando las provincias aún carecían de una red financiera estable y homogénea. La apertura respondió a gestiones entre comerciantes tucumanos y autoridades del banco sanjuanino, interesadas en expandir su operatoria hacia plazas con creciente actividad agroindustrial.
La sucursal comenzó a operar en un inmueble ubicado en el área céntrica de la ciudad, próximo a los principales corredores comerciales donde se concentraban casas de ramos generales y oficinas de acopio de azúcar. Su habilitación fue autorizada por la casa matriz de San Juan, que envió capital inicial, libros contables, billetes propios y un pequeño equipo administrativo para garantizar el funcionamiento.
El banco abrió con la facultad de recibir depósitos, descontar letras de cambio y emitir billetes propios respaldados por su casa central. En los primeros registros se consignan operaciones vinculadas a comerciantes azucareros y exportadores de ganado, que utilizaban la sucursal para financiar compras de cosecha y adelantos de mercancía destinada a otras provincias.
Durante los primeros meses, la circulación de billetes del Banco de San Juan en Tucumán alcanzó aceptación moderada, pero coexistía con monedas de curso legal diverso, incluyendo pesos bolivianos, moneda metálica y papeles emitidos por otras entidades provinciales. Esa pluralidad obligaba a constantes conversiones y generaba variaciones en el tipo de cambio local.
En 1873 comenzó a intensificarse la llegada de billetes del Banco Nacional, impulsada por políticas de centralización monetaria y por la expansión de sucursales vinculadas al Estado nacional. Estos billetes eran aceptados con mayor facilidad en contratos interprovinciales y en pagos de aduana, lo que redujo la demanda de los papeles del Banco de San Juan en Tucumán.
La competencia fue particularmente visible en el mercado del descuento de letras: comerciantes que antes acudían a la sucursal sanjuanina comenzaron a operar con agentes del Banco Nacional o intermediarios que preferían instrumentos respaldados por la Tesorería nacional. Esto redujo el volumen diario de operaciones de la sucursal tucumana.
A partir de 1874 se registraron dificultades de liquidez en la sucursal, ya que una parte creciente de los billetes emitidos regresaba para su canje sin que se generara una circulación equivalente. La casa matriz debió enviar remesas metálicas desde San Juan para sostener la convertibilidad, lo que aumentó los costos operativos.
Los libros contables de la época muestran una contracción progresiva del crédito otorgado en Tucumán, especialmente en préstamos a corto plazo vinculados a la zafra azucarera. El banco comenzó a restringir renovaciones y a exigir mayores garantías hipotecarias ante la incertidumbre sobre la aceptación de su moneda.
En 1875, con la expansión definitiva del sistema bancario nacional y la consolidación del Banco Nacional como referencia monetaria en la región, la sucursal de San Juan redujo su operatoria a tareas administrativas mínimas, limitando el canje de billetes y el manejo de letras de cambio.
Finalmente, la presión del sistema monetario unificado y la pérdida de circulación efectiva de sus billetes llevaron al cierre de la sucursal en Tucumán, retirándose sus fondos y documentación a San Juan. Luego se cerraron los balances de la operación, registrada como uno de los primeros intentos de banca provincial fuera de su jurisdicción original.
Ramírez de Velasco®

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