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El 4 de julio de 1977 comenzó el boicot internacional contra Nestlé, por impulsar campañas para reemplazar la lactancia materna por fórmulas industriales
El 4 de julio de 1977 comenzó el boicot internacional contra la empresa Nestlé, acusada de impulsar campañas agresivas para reemplazar la lactancia materna por fórmulas industriales en países pobres. Desde hacía años crecían las denuncias contra organismos sanitarios y compañías alimenticias que sembraban temor sobre el amamantamiento natural mientras promovían productos comerciales como alternativa moderna y segura. En medio de aquella controversia, en la Argentina apareció la voz del pediatra mendocino Florencio Escardó, denunciando lo que consideraba un gigantesco negocio montado sobre el miedo de las madres y la salud de los recién nacidos.Había nacido el 13 de agosto de 1904 en Mendoza bajo el nombre completo de Florencio Escardó Fages. Pediatra, sanitarista, escritor y periodista, desarrolló una extensa carrera en hospitales públicos y medios de comunicación argentinos. Casado con la psicóloga y ensayista Eva Giberti, dedicó gran parte de su vida a cuestionar métodos autoritarios de crianza y a defender una medicina más humana, menos dependiente de laboratorios y estructuras comerciales.Durante las décadas del 50 y del 60 comenzó a instalarse internacionalmente una campaña persistente contra la lactancia materna. En maternidades, revistas y consultorios se repetía la advertencia de que el pecho podía transmitir bacterias y enfermedades peligrosas para los bebés. Muchas madres, aterradas por aquellos mensajes, dejaron de amamantar convencidas de que protegían a sus hijos. La alarma coincidió sospechosamente con la expansión mundial de fórmulas infantiles industrializadas.
En simultáneo apareció la leche en polvo S-26 y otras fórmulas maternizadas promovidas como productos científicamente superiores. Detrás de esa avanzada comercial estaba Nestlé, convertida ya en una potencia global de la alimentación. El prestigio europeo, resumido en la inscripción “Vevey, Suiza” estampada en los envases, reforzaba la idea de modernidad y confianza. En numerosos países se entregaban muestras gratuitas en hospitales para acostumbrar rápidamente a las madres al producto industrial.
Con el tiempo comenzaron a verse consecuencias dramáticas. En regiones pobres, las fórmulas debían prepararse con agua contaminada o diluirse más de lo recomendado para ahorrar dinero. Eso provocó desnutrición, diarreas severas e infecciones intestinales. Diversas organizaciones denunciaron entonces que millones de mujeres habían sido inducidas a abandonar la lactancia natural mediante campañas de miedo disfrazadas de recomendaciones sanitarias.
La Organización Mundial de la Salud quedó envuelta en fuertes cuestionamientos. Durante años, sus advertencias sobre bacterias y riesgos del amamantamiento fueron utilizadas por empresas multinacionales para expandir el mercado de fórmulas infantiles. Muchos médicos consideraron que el organismo internacional actuó con una irresponsabilidad enorme al difundir mensajes ambiguos que terminaron beneficiando intereses comerciales gigantescos. En amplios sectores sanitarios se interpretó que aquellas campañas ayudaron a destruir prácticas naturales ancestrales en favor de negocios multimillonarios.
En 1974 la organización británica War on Want publicó el informe “The Baby Killer” acusando a las compañías de alimentos infantiles de lucrar con la mortalidad y la pobreza del Tercer Mundo. El documento tuvo enorme repercusión y apuntó directamente contra Nestlé. Tres años después comenzó oficialmente el boicot internacional, impulsado por grupos de consumidores, iglesias y asociaciones médicas que exigían límites a la publicidad y distribución de fórmulas maternizadas.
Desde la Argentina, Florencio Escardó encabezó una batalla pública contra aquellas prácticas. En diarios y revistas escribía con el seudónimo “Piolín de Macramé”, mientras en televisión alcanzó gran popularidad en el programa “Buenas tardes, mucho gusto”, conducido por Juan Carlos Mareco. Allí denunciaba la manipulación emocional ejercida sobre las madres y cuestionaba la creciente dependencia de las familias respecto de empresas y expertos.
Sostenía que el miedo enfermaba mucho más que los microbios y que separar a un bebé del pecho materno implicaba también un daño afectivo. Criticaba duramente la influencia de la publicidad sobre la medicina y advertía que la televisión se había convertido en “el opio de los pueblos con reparto a domicilio”. Para Escardó, detrás del discurso sanitario se escondía un inmenso aparato comercial destinado a convertir la crianza en un negocio global.
La presión internacional obligó finalmente a la Organización Mundial de la Salud y a UNICEF a revisar sus políticas. En 1981 se aprobó el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna para restringir la publicidad directa y las muestras gratuitas. El escándalo dejó expuesta la relación entre organismos internacionales, laboratorios y corporaciones alimenticias, mientras millones de madres en todo el mundo comenzaban lentamente a recuperar la confianza en la lactancia natural.
Ramírez de Velasco®


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