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| Retrato |
Marineros, camellos, amores y recuerdos: cuenta pendiente escrita desde mi computadora
De pie bajo el umbral de algo que adivino definitivo, me animo a atisbar aquello que pude ser alguna vez. La vida me ha sucedido con un millón de posibilidades de lo que no fui: de marinero del Ártico a cazador de cocodrilos en el África, de viajero impenitente de todos los mundos en este orbe que conocemos como Tierra a marajá de un hogar con ciento cincuenta mujeres, quinientos hijos y una flota de camellos cruzando los desiertos de Arabia. Y más también.Casi de vuelta de muchas aventuras, me doy con que la vida me dotó de una inteligencia mediana, que apenas me alcanzó para intentar alguno de los pocos oficios que abordé, siempre con baquía de marinero, nunca como capitán experto. Coloco en la balanza, con cuidado, una bondad que me ufana a veces porque me lo han hecho creer los amigos, pero no es tal sino una cara de lelo que les impide creer en las maldades a las que me aboco con perseverancia digna de mejores fines.No tengo muchos lamentos para volcar sobre mi pasado, aunque hay asuntos que hubiera resuelto de la misma manera. Pero a la mayoría los cambiaría por comportarme, no digo de manera más arrojada, pero sí al menos de forma más inteligente. Confieso que no debí haber asumido tantos pruritos con tres o cuatro mujeres de la media docena que pasaron por mi vida, pero siempre tuve en cuenta lo que me advertían de niño: que ellas eran frágiles, que se las debía cuidar como un jarrón a punto de partirse en mil pedazos y eso, digo, ese talante siempre atento y amable, jugó en mi contra más veces de las que hubiera querido.
Pero ya pasó, el tiempo no es un cangrejo que camina para atrás. Lo único que aprendí en esta vida —no muy bien, a juzgar por los resultados— es a aporrear esta máquina de la que intento extraer una imposible palabra que abarque todas. Sólo me siento cómodo en compañía de las 27 letras del teclado y sus signos y sus números y sus leves leyendas en inglés.
Lo demás, efemérides que va llevando el viento cruel de los recuerdos.
Juan Manuel Aragón
Miércoles 1 de julio del 2026, en casa. Tecleando.
Ramírez de Velasco®


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