| Ilustración |
El uso de términos tecnológicos abre una discusión sobre capacidades humanas y su posible reducción a funciones prácticas
Oiga, ¿no le parece que es un error hablar de "inteligencia artificial"? Es como si hubiera una que es "natural", la de uno, su señora, el vecino, todos. Y otra de plástico digamos. Apenas salió muchos creyeron quizás que era mejor que la normal. La tradición clásica enseñaba que el entendimiento es, con la voluntad, una de las dos facultades superiores del principio anímico de los hombres.Es una potencia espiritual e inmaterial, que permite al hombre conocer la verdad, abstraer esencias universales y razonar de manera discursiva. Oiga, ¿eso se puede replicar? Razone conmigo lector, si la facultad intelectual es un principio espiritual quiere decir que no existe navegando sola en el espacio: quien la nombra debe remitirla a un alma. Piense ahora: ¿hay una dimensión de un individuo que sea artificial? Pero, sigamos deduciendo: si razón es una facultad del alma, el alma es de un cuerpo, de una persona. ¿Usted cree que han fabricado un cuerpo artificial? Ah, los robots, dice.Analicemos el supuesto de que una maquina sea el cuerpo en que anide un alma con inteligencia y voluntad. Vamos a la etimología para entender un poco más el planteo. La palabra se popularizó por ahí de 1920 o 1921 gracias a la obra de teatro Rossumovi Univerzální Roboti del escritor checo Karel Čapek. Proviene del término robota o roboti en plural, que significa "trabajo forzado", "servidumbre" o "labor obligatoria". En la obra, esos seres artificiales son creados en masa para realizar trabajos duros, que acaban rebelándose contra los humanos.
Empezamos mal, entonces. Porque creer que una obra de teatro puede crear, por sí misma, una realidad, es lo mismo que sostener que debemos prepararnos para una invasión zombi, porque hay películas norteamericanas que los plantean como reales.
Pero suponga que es cierto, que hay un artefacto que actúa de manera autónoma. ¿Qué lo impulsa? Una batería que se conecta a la electricidad. Ahora, si le pregunto qué lo origina a usted, dirá que su corazón. Ahá, ¿y al corazón qué o quién lo determina en su ser intrínseco? Las aurículas y ventrículos. ¿Y a ellos? Bueno, por ese camino se llega a la idea de un primer principio que la tradición católica llama Dios o, en Santo Tomás de Aquino, "motor inmóvil". Pero si usted no cree, necesariamente tendrá que decir "algo" o ponerle un nombre cualquiera.
Después de todo y antes que nada, hemos sido creados con libertad y por ella y con ella a Dios nos debemos. Así que la próxima vez que sienta hablar de "inteligencia artificial", piense en un programa que tiene la capacidad de resolver problemas, aprender patrones, procesar información y producir respuestas adaptativas. Pero de ahí a algo que reemplace la capacidad del hombre de pensar por sí mismo, hay un trecho enorme.
En definitiva, estamos ante un programa extraordinario que ordena información a una velocidad imposible para cualquier cristiano. Una cosa es ayudar a que la vida resulte más fácil y otra distinta preguntarse por qué estamos aquí. Lo primero lo hacen la rueda, la máquina, la impresora. Lo otro sigue quitándole el sueño a los hombres desde hace unos cuantos miles de años. Y quizá sea mejor que así sea.
Porque lo demás es cuento.
Juan Manuel Aragón
Jueves 2 de julio del 2026, en la Tabla Redonda. Visitando amigos.
Ramírez de Velasco®

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