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LECTORES Unir los puntos

Se terminó esa vieja costumbre

Internet convirtió la atención en la única moneda valiosa y dejó a los viejos diarios buscando un modelo rentable

Hacela fácil y no cobres. ¿Cómo vas a ganar si no cobras? No es problema mío. Si quieres dar a conocer tus escritos, tus cuentos, tus poemas, lo que sea, publicalos gratis. Sólo los grandes medios cobran para que los leas: La Nación, el Wáshington Post, el País de España. Igual, tarde o temprano, sabemos lo que han escrito, aunque le hayan puesto precio. Lo mismo para los diarios que publican títulos como "A qué dijo Fulanito cuando lo insultaron", porque sin entrar en la nota, tarde o temprano lo sabremos. En otro lado dirá: "Fulanito carajeó lindo a la Menganita". Y en un tercero leeremos: "Menganita respondió que ella no es una maleva". Los lectores ya hemos aprendido a unir los puntos sin leer tantas paparruchadas y las pasamos por encima.
Imaginá que este blog publica solamente un párrafo y para enterarte de cómo sigue hay que garpar. No lo lee ni el loro. Si internet es un campo de batalla en que se miden ideas, qué mejor que mostrarlas a la mayor cantidad posible de gente. Y que se trencen en lucha con el pensamiento de los lectores para despertar otras ideas mejores. O para criticar a su autor, todo vale. Pero gratis. A un clic de distancia.
Los diarios decían que no vivían de lo que se pagaba para comprarlos. La publicidad era lo que les daba de comer. El precio de tapa sólo pagaba al canillita. Pero llegó internet, se les acabaron los avisos y no han inventado todavía una manera de hacer plata. Algunos los compraban para limpiar la parrilla. Pero desde que está tan cara la carne, pocos hacen asado. Una excusa menos para comprarlos. ¿Los de Santiago son pagos, preguntas? No, amigo. Casi no los leen gratis, imaginá si hay que pagar. Hacer un diario es tarea del pasado: están condenados a la extinción.
¿En quién confían ahora los lectores? Nadie sabe. Es un asunto medio misterioso, vea. Nadie se guía por las notas pagadas de los portales de noticias, por más prestigio que tengan. Tampoco hay uno que diga: "Che, como no sé a quién votar, voy a suscribirme a La Nación, para averiguar quiénes son los candidatos". Ya veo.
Después de que pasó la moda de leer diarios nos dimos cuenta de que no importaban. Nada pasaba por ahí. Ni la vida ni el amor ni la política ni la economía. Como quienes una vez divorciados descubren infidelidades retrospectivas.
Una de las formas que halló internet de mantener a quienes la forman es retribuir por cada lector o mirón que consiguen. Pero con millones se hacen apenas centavos.
Después de que nos fuimos de ahí, los diarios descubrieron su equivocación. Es decir, no nos importaba lo que les importaba a ellos sino lo que nos importaba a nosotros. Boberías, memeces. Y, lógicamente, es tarde para que se hagan más tontos.
Luego está el algoritmo, que puso horizontal a la información, la acostó. Ahora todos son reporteros, toman fotos, escriben la noticia, relatan el hecho. Descentralizaron las usinas de la información. Y ya nadie le cree a nadie, como corresponde.
Si te llegas a topar con esta nota, hay que esperar hasta esta línea para encontrar su tesis principal. Navegante de naderías.
Juan Manuel Aragón
A 16 de agosto del 2026, en Brea Puñuna. Esperando la lluvia.
Ramírez de Velasco®

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