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| Baile |
El 5 de julio de 1518 una mujer comenzó a bailar de manera ininterrumpida en Estrasburgo, luego centenares se sumaron
El 5 de julio de 1518 una mujer conocida como Frau Troffea comenzó a bailar de manera ininterrumpida en las calles de Estrasburgo, entonces ciudad del Sacro Imperio Romano Germánico. Lo que inicialmente pareció un episodio aislado se transformó en uno de los acontecimientos más extraños registrados en la Europa moderna: en pocas semanas centenares de personas se sumaron a la danza compulsiva y numerosas víctimas murieron por agotamiento físico, infartos o accidentes cerebrovasculares.Los cronistas de la época relataron que Frau Troffea salió a la vía pública y empezó a moverse sin descanso, sin responder a quienes intentaban detenerla. Durante varios días continuó bailando casi sin interrupciones, hasta despertar la atención de vecinos y autoridades, que observaron con desconcierto un comportamiento para el que no encontraban explicación.Con el correr de los días comenzaron a aparecer nuevos participantes. Hombres y mujeres se incorporaban espontáneamente al baile y permanecían horas o incluso jornadas enteras moviéndose de forma aparentemente involuntaria. Hacia fines de julio, las estimaciones de los documentos contemporáneos hablaban de unas cuatrocientas personas afectadas.
Las autoridades municipales al principio recurrieron a los médicos, quienes descartaron una causa sobrenatural y atribuyeron el fenómeno a un exceso de “sangre caliente”, de acuerdo con las teorías humorales vigentes. Como tratamiento recomendaron permitir que los afectados siguieran bailando hasta recuperar el equilibrio del organismo.
Siguiendo ese criterio, se habilitaron espacios públicos para la danza y se contrataron músicos y personas encargadas de acompañar a los bailarines. Lejos de disminuir, el número de participantes continuó aumentando, mientras los casos de colapso físico se multiplicaban por el esfuerzo extremo y la falta de descanso.
Los registros conservados indican que muchos de los afectados sufrían desmayos, lesiones musculares y un agotamiento severo. Diversos testimonios mencionan fallecimientos producidos durante el episodio, atribuidos principalmente a infartos, ataques cerebrovasculares o extenuación después de días de actividad continua.
Ante el agravamiento de la situación, las autoridades cambiaron de estrategia y suspendieron la música y las reuniones públicas relacionadas con el baile. También promovieron peregrinaciones religiosas y ceremonias de oración, convencidas de que la intervención espiritual podía contribuir a poner fin a la crisis.
Los historiadores han propuesto numerosas explicaciones para el fenómeno. Algunas hipótesis apuntan a un episodio de histeria colectiva o enfermedad psicógena masiva desencadenada por el estrés, el hambre y las difíciles condiciones de vida de la región. Otras teorías, hoy menos aceptadas, sugirieron intoxicaciones por cornezuelo del centeno u otros factores ambientales.
La epidemia se desarrolló en un ámbito particularmente complejo para la población de Estrasburgo, afectada por malas cosechas, enfermedades recurrentes y tensiones económicas. Ese escenario pudo haber favorecido la propagación de comportamientos colectivos extraordinarios entre personas sometidas a una intensa presión social y emocional.
Con el paso de las semanas, el episodio fue desapareciendo gradualmente hasta extinguirse sin dejar una explicación definitiva. La epidemia de baile de 1518 quedó registrada en crónicas municipales, documentos médicos y relatos posteriores como uno de los casos más enigmáticos de comportamiento colectivo documentados en la historia europea.
Ramírez de Velasco®


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