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| Acuarela de Raúl Cisterna |
La que sigue no es una crítica sino un pedido formal para que quien sea elegido por la ciudadanía vea qué hace
En Santiago del Estero
Señor
Próximo Intendente
Sea quien sea
Su despacho
De mi consideración, me dirijo a usted a fin de pedirle que corrija de manera urgente, algunas afirmaciones que son comunes cuando se habla de nosotros. Dicen que no somos higiénicos, somos malos conductores, no nos gusta llegar a tiempo y somos insalubres, desordenados y olvidadizos. Elevamos este pedido para que demuestre que no es verdad. O que por lo menos empiece a corregir esa mala imagen que tenemos ante nuestros propios ojos.Paso a detallar:
Dicen que los santiagueños somos sucios porque en los barrios más alejados del centro se arma un basural en cada baldío. El próximo intendente tendrá que desmentir esa afirmación enviando un camión recolector todos los días y no como ahora que no ponen ni un tacho por manzana. La gente, que es mala y comenta, dice que hay camiones recolectores, sólo que no trabajan, pero quién va a creer semejante infundio, che. Si después sigue habiendo pequeños grandes basurales cada media cuadra, entonces sí, que diga "somos sucios".Dicen que los santiagueños no sabemos conducir autos, camiones, colectivos, motocicletas. Puede ser, ¿no?, pero para ser cierto esto, la comuna debería pintar todas las sendas peatonales, hacer que los semáforos funcionen correctamente o los pase en rojo y controlar que nadie estacione en doble fila, nadie doble a la izquierda en las avenidas si no está permitido. No debería haber conductores convenciendo a los agentes municipales que sólo estacionaron mal un segundito.
Dicen que los santiagueños somos impuntuales. El intendente que elijamos dentro de unas semanas deberá hablar con los comerciantes y pedirles que se pongan de acuerdo sobre la hora de apertura y cierre de sus negocios, para que no sea como ahora, a las ocho, ocho y media o nueve. Después deberá mandar inspectores para que, el que no abrió, multa. Hay vecinos que acuden a los negocios del centro a las 8 de la mañana y siempre los encuentra tapera. Parece una tontería, pero una ciudad es seria si está ordenada también en sus horarios, amigo.
Dicen que a los santiagueños no nos importa la salud. Capaz que es porque a los enfermos, en algunos sanatorios como el 9 de Julio, los descargan como quien baja papas del camión, en la vereda de la Olaechea. Hay viejitos que deben soportar que los chicos del colegio que está al lado, los miren con curiosidad cuando los bajan en camilla en plena vía pública. Debiera emplazarse a todos a tener un lugar más discreto para bajar a los pacientes y no a la vista de cualquiera.
Dicen que los santiagueños somos desordenados. Todo porque algunas obras privadas no tienen vallado para que los albañiles trabajen tranquilos, sin joder a los peatones. Tampoco les ponen un cartelito, como antes, indicando quién es el arquitecto o el maestro mayor de obra responsable. Hay construcciones que se levantan sin plano, con un práctico que les va indicando a los obreros, levantá una pared más o menos ahí. De paso podrían pagarles en blanco a los trabajadores y si no, darles un casco, aunque sea. En serio, che.
Dicen que los santiagueños somos olvidadizos. Pero muchos recuerdan la Caja de Préstamos que sabía tener la municipalidad, cerrada entre gallos y medianoche (entre Navidad y Año Nuevo de hace dos años en realidad), sin avisar por qué la clausuraron. Nadie sabe decir cómo se terminó de cobrar los créditos otorgados, dónde está su capital, qué sucedió con las otras operaciones de ese banquito que era de los santiagueños y no de ningún particular. El próximo intendente tiene otra tarea ahí: fijarse quién se llevó la plata, qué buenas obras hizo con ella, qué parroquia o comedor infantil se benefició con ese dinero. De última, que los concejales den cuenta de por qué aprobaron tan rápido la ordenanza que nos privó de una institución tan útil. Por qué no debatieron, oiga.
Sin otro particular, saludo a usted atentamente
Juan Manuel Aragón
Domingo 28 de junio del 2026, en el Vinalar. Visitando viejos amigos.
Ramírez de Velasco®


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