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| La Revolución |
A continuación, un esclarecedor fragmento que los inteligentes lectores de este blog sabrán apreciar
"Si arrancando su máscara, le preguntáis a la Revolución: ¿quién eres tú? ella os dirá:
"Yo no soy lo que se cree. Muchos hablan de mí y pocos me conocen. No soy ni el carbonarismo ni el motín ni el cambio de la monarquía en república ni la sustitución de una dinastía por otra ni la turbación momentánea del orden público."No soy ni los aullidos de los jacobinos ni los furores de la Montagne ni el combate de las barricadas ni el pillaje ni el incendio ni la ley agraria ni la guillotina ni los ahogamientos."No soy Marat ni Robespierre ni Babeouf ni Mazzini ni Kassuth. Esos hombres son mis hijos, pero no yo. Esas cosas son mis obras, pero no yo. Esos hombres y esas cosas son hechos pasajeros y yo soy un estado permanente.
"Soy el odio de todo orden que no haya sido establecido por el hombre y en el cual él no sea a la vez rey y Dios. Soy la proclamación de los derechos del hombre sin importar los derechos de Dios. Soy la fundación del estado religioso y social en la voluntad del hombre en lugar de la voluntad de Dios. Soy Dios destronado y el hombre en su lugar.
"He aquí por qué me llamo Revolución, es decir subversión."
Jean-Joseph Gaume, en "La Révolution, recherches historiques", tomo I, página 18.
Ramírez de Velasco®


El artículo reflexivo describe claramente el grave problema de las "revoluciones" y sus graves efectos y consecuencias.
ResponderEliminarYa tuvimos una revolución francesa, cuyas consecuencias Roussonianas estamos pagando hoy los países de América, una revolución industrial a la que le debemos el desarrollo, el confort, y el buen vivir, que disfrutamos hoy. Ya no necesitamos revoluciones. Tal vez por ser ingeniero, creo más en la mejora de los.modelos, que en pasarles por encima, tirarlos a la basura, y reemplazarlos por un nuevo experimento.
Demasiado esfuerzo y vídas perdidas le ha tocado a la humanidad el llegar a donde hemos llegado y haber aprendido lo que hemos aprendido sobre cómo organizarnos, cómo vivir, y cómo prosperar, gracias al legado de los antiguos filósofos, al iluminismo, y a los principios y valores judeo-cristianos que hemos abrazado.
A menudo escucho que a los chicos se les duce que ellos son los que van "a cambiar el mundo". El mundo no necesita ser cambiado, pero sí tenemos que seguir mejorándolo en todo lo posible.
Dejemos las revoluciones para los ignorantes, resentidos, e insatisfechos crónicos, los demás dediquemos os a cuidar y valorar lo conseguido y mejorar lo que sea necesario.