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POLÉMICA Los tubos de Techint

Un negocio perdido para el país

El funcionario nacional defiende la necesidad de respetar una licitación internacional, aunque perjudique a la Argentina

Por Federico Sturzenegger
Comparto unas reflexiones sobre esta nota, donde se habla de la adjudicación de caños para un gasoducto importante de Vaca Muerta a una firma india. La noticia es que se deja de lado al grupo Techint, uno de los productores de caños más importantes del mundo. Me motiva compartir estas reflexiones escuchar a mucha gente decir que el consorcio debería adjudicar a al grupo Techint por ser productor nacional. A la postre parece lo más lógico ¿no?: si lo podemos producir acá ¿por qué lo importaríamos? Sin embargo, un análisis más fino revela que hay argumentos que sugieren lo contrario. Veamos.
Primero. El grupo Techint habría ofrecido los caños 40 por ciento más caros. Aunque alguien quizás pensara que aun así debería habérseles adjudicado (de hecho, esa es la lógica del compre nacional felizmente derogado), creo que eso es indefendible. Caños más caros implican menor rentabilidad del proyecto, menores inversiones, menos empleo, menos exportaciones. Como el precio del gas está fijo, ese mayor costo lo hubiéramos pagado quizás con un precio mayor de la energía para miles de empresas (incluyendo pymes) y consumidores. Es el costo argentino que le dicen.
Segundo.Recordemos que cada importación genera la necesidad de una exportación. Es decir que la importación a menor costo genera un cambio en el tipo de cambio que genera rentabilidad en otras industrias de exportación con innumerables beneficios de eficiencia, empleo y riqueza. Son los beneficios de la apertura económica.
No proveerse de insumos más baratos sería un mal negocio para las empresas y para el país. Si queremos ser competitivos no podemos imponer ineficiencias laborales (¡hola modernización laboral!), ni sobrecostos en los insumos. Si lo permitimos nunca quebraremos nuestras décadas de estancamiento.
Pero la cosa se pone más interesante porque aparentemente el grupo Techint, luego de haber visto las ofertas, habría dicho que sí podía ofrecer los caños a un 40 por ciento menos (¡epa!) y también argumentó que el consorcio tenía que darle un first-refusal que quiere decir la posibilidad de mejorar cualquier oferta que se presentara.
¿Ahora como defendemos no darle el contrato al grupo Techint? Porque con estas nuevas condiciones ya no corre más el argumento que los caños de afuera son más baratos. ¿No deberían entonces las empresas cambiar el proveedor y elegir el local? Voy a tratar de argumentar, por qué, a mi entender, tampoco deberían.
Primero, si las licitaciones se hacen otorgándole un first-refusal a una empresa, es probable que no se presenten muchos oferentes. Sabrían que muchas ofertas que hagan serían inútiles porque habrá una empresa que podrá ganarles luego de ellos presentar su precio. El resultado será mucha menos competencia futura en el sector y, eventualmente, costos más altos.
Segundo, si cambiaran el contratista porque Techint les ofrece el mismo precio (incluso si fuera algo menor) luego de la licitación, la pérdida de credibilidad de las empresas sería total. El proveedor extranjero diría "me presento en una licitación y luego me birlan mi oferta". ¿El resultado? A nadie le interesaría competir en el futuro para proveer insumos baratos a esta industria. Simplemente no valdría la pena. Nuevamente costos más altos.
Vaca Muerta va a representar oportunidades increíbles en los próximos años. Habrá negocios, empleo y riqueza para crear para todos. Pero para ello hay que mirar con sentido estratégico. Pensar a largo plazo. Y en ese contexto lo más importante es respetar los contratos y las reglas de juego. Algo que le ha costado horrores a Argentina pues parece prevalecer el corto plazo aun si implica resignar todo el futuro. Es mucho más negocio para todos (incluso para el grupo Techint, aunque hoy no lo vea así) que esta industria crezca competitiva y sana.
El día que dejemos de mirar el próximo paso dejaremos de andar en círculos y empezaremos a andar en serio. Tenemos todo el futuro por delante.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Nos pasó exactamente lo mismo cuando lanzamos la primera licitación de autopista con Macri: primera vez que se hacía transparente, online, abierta... El promedio de ofertas fue un 10% menos de lo estimado (antes solía ser +20%), pero apareció nada menos que ¡Cristóbal López! (CPC) con un ¡33% abajo! Todo clamaba que lo desestimemos, que era inviable, una opereta, que era socio de CFK, que era un corrupto, etc...

    Pero los papeles estaban en orden, había sido una licitación justa... Hubo que dársela, y quedó así el mensaje para todos de que algo había cambiado y ahora había verdadera competencia. Más aún: el mercado iba a estar relojeándonos a ver que pasaba, a ver si las reglas de cumplían hasta el final, porque sabían que a ese precio la obra no se podía hacer, y que Cristóbal iba a recurrir a las prácticas de siempre (de todos) para renegociar y salir ganando. Porque cuando se renegocia un contrato, hay menos visibilidad y es más fácil robar (ahí está el core de la corrupción en la obra pública)

    Dicho y hecho, la obra se paralizó apenas arrancó. Cristóbal López perdía $ por cada m3 de tierra que movía. Lloró y pataleó para renegociar metiendo excusas ridículas y argumentos climáticos y sarasa (hasta nos mandó al sindicato de obreros a piquetear - les decía era nuestra culpa que no podía pagar sueldos). Terminó yéndose con $100M de multa, como mandaba el contrato, algo que nunca había pasado en la historia de Vialidad. Se la jugó con un precio y le fue mal. Riesgo empresario. Punto.

    Durante los siguientes años no solo las licitaciones fueron un éxito por la cantidad de ofertas y los precios fueron un 40% abajo de lo histórico, sino que aparecieron jugadores nuevos, locales en internacionales. Es lo que ocurre cuando el mercado entiende que hay reglas claras, transparencia y apertura.

    Lamentablemente, Cristóbal dejó un caos en la obra y tuvimos que hacer todo de nuevo, preparamos la licitación y le tocaba a Alberto Fernández adjudicarla, pero obviamente no pasó nada y la ruta sigue ahí, hecha trizas. Y Katopodis le adjudicó otros mega-proyectos a este nefasto empresario, que aún están en obra.

    Bien
    @fedesturze
    por celebrar la competencia. Necesitamos reforma laboral y reforma fiscal para que empresas nacionales tengan el camino allanado para bajar costos y ofrecer mejores bienes y servicios a menor precio.

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  2. Sturzenegger está en lo correcto, lo mismo que el lector Plascencia. Un proceso de licitación internacional que ha sido adjudicado tiene que ser respetado. De lo contrario las consecuencias para el país, a nivel de credibilidad, riesgo país, seguridad jurídica, y garantías de mercado serían muy graves.
    Por otra parte, el inmenso impacto económico para el país que representan todos los problemas mencionados anteriormente, se debe sumar el costo del daño que se hace a la empresa adjudicada, que sin dudas presentará reclamos legales que definitivamente retrasarían la obra y encarecerían aún más el proyecto.
    Nadie tiene en cuenta que una empresa adjudicada firma compromisos de provisión de materiales, asigna recursos, obtiene pólizas de seguros, abre créditos para flujo de caja y operaciones, e implementa una vasta logística de oficinas, equipos, y recursos humanos en su país de operación y en el país cliente.
    Me ha pasado de ganar licitaciones con gobiernos bananeros de países de Latinoamérica, que luego son canceladas porque justo cambia el gobierno y los nuevos cancelan todo, o por otras causas de conflictos internos. Aun siendo operaciones menos voluminosas que la de esa provisión de tubos, el daño por el costo perdido de armar la licitación, asegurar contratos de proveedores, y toda la logística que acompaña, ha sido inmenso y nos obligó a hacer reclamos en los que todos pierden.
    Si el país quiere hacer competitiva a la industria local, tiene que desregular los procesos, cambiar las leyes laborales que promueven la mafia sindical y el chantaje organizado, eliminar la trampa del salario mínimo que impide a los jóvenes tener su primer trabajo porque ante la obligación de pagar un sueldo inicial alto, los empleadores siempre prefieren contratar a gente con experiencia en vez de invertir en capacitar a alguien que comienza de cero. Tambien se debe alentar la producción de mayor cantidad de materiales que hoy se importan y favorecer impositivamente los desarrollos tecnológicos.
    Mientras la industria no sea competitiva, el "compre argentino" seguirá siendo el "clávese con lo argentino", y la gente seguirá pagando todo más caro.

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