![]() |
| Proibido orinar parado |
El 11 de junio de 2012, el Partido de la Izquierda de Suecia propone en el Consejo General de Sörmland obligar a los hombres a orinar sentados
El 11 de junio de 2012, el Partido de la Izquierda de Suecia, liderado por Viggo Hansen, propuso en el Consejo General de Sörmland obligar a los hombres a orinar sentados en los baños del Ayuntamiento, afectando en un principio a los trabajadores municipales. La medida, una vuelta más en el descerebramiento de los cultores de la ideología de género, buscaba mejorar la higiene al reducir salpicaduras, prevenir problemas de próstata y, según Hansen, prolongar la vida sexual. Se planteó eliminar la división tradicional de baños por sexo, creando servicios mixtos para orinar sentado y urinarios para hacerlo de pie. El Consejo dispuso de un año para decidir sobre su puesta en marcha.La propuesta generó un intenso debate. Sus defensores argumentaban que orinar sentado mejoraría la limpieza en los baños públicos y promovería la igualdad al eliminar distinciones sexistas en los espacios sanitarios. Hansen también insistía en beneficios médicos, como la reducción de problemas prostáticos. Sin embargo, sus críticos cuestionaron la viabilidad de fiscalizar el cumplimiento y dudaron de las afirmaciones sobre salud.Estudios posteriores, como uno de Plos One, sugirieron que orinar sentado podría beneficiar a hombres con síntomas urinarios, pero no hallaron diferencias significativas en hombres sanos. Expertos, como el urólogo Miguel Unda, desmintieron que la posición influyera en la salud prostática o la vida sexual, refutando los argumentos de Hansen.
Aunque la medida no prosperó como ley en Sörmland, su impacto trascendió. En Suecia, algunas guarderías adoptaron la práctica de enseñar a los niños a orinar sentados, priorizando la higiene. En otros países, como Alemania, se instalaron carteles en baños públicos instando a los hombres a sentarse. Además, un grupo feminista en la Universidad de Estocolmo retiró urinarios verticales, considerando que orinar de pie era “degradante” para las mujeres.
La iniciativa, aunque limitada a un contexto local, abrió un debate global sobre higiene, las estupideces de la llamada “igualdad de género” y las normas culturales en los baños públicos. Cuestionó tradiciones arraigadas y visibilizó cómo las prácticas sanitarias pueden reflejar valores sociales, influyendo en la percepción de los espacios compartidos y en las discusiones sobre los papeles de cada sexo en la esfera pública.
Ramírez de Velasco®


Es penoso saber que tamaña estupidez siquiera habría generado un debate. La izquierda nunca entenderá que a los beneficios o perjuicios propios, resultantes de una actividad, los deben elegir libremente los individuos que practican tal actividad, sin que el papá Estado se los imponga, limite o controle. Tal vez el debate hubiera acabado si alguien proponía orinar apuntando "hacia los activistas de izquierda".
ResponderEliminarLas ventajas y beneficios hubieran superado ampliamente a los que plantea el artículo.