![]() |
*Por San John Henry Newman
El Nacimiento y Encarnación de nuestro Salvador son un hecho que demuestra, por así decirlo, el comienzo de nuestro nacimiento al Espíritu. Pues resulta ser una imagen, una promesa o incluso una garantía de nuestro nuevo nacimiento ya que nos otorga lo que promete. Del mismo modo en que Él nació, nacemos nosotros; y ya que Él nació, también nacemos nosotros.
Del mismo modo en que Él es por naturaleza Hijo de Dios, nosotros somos Hijos de Dios por la gracia, y es Él quien nos ha hecho de ese modo. Nos lo dice el texto sagrado: Él es el “Santificador”, nosotros los “santificados”. Más aún: Él y nosotros, continúa la Escritura, “somos un todo”. Dios santifica a los ángeles, pero en ese caso Creador y criatura no son un todo. Sin embargo, el Hijo de Dios y nosotros somos de una misma naturaleza, pues Él se ha convertido en “el primogénito de toda criatura”, se ha encarnado en nuestra naturaleza, y en ella y por ella nos santifica. Es hermano nuestro en virtud de su Encarnación, y, según explica la Escritura, “no se avergüenza de llamarnos hermanos” y habiendo santificado nuestra naturaleza en sí mismo, la comparte con nosotros.
*En Sermones parroquiales 5/7; 25 de diciembre de 1839.
*En Sermones parroquiales 5/7; 25 de diciembre de 1839.
Ramírez de Velasco®

Comentarios
Publicar un comentario