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1972 ALMANAQUE MUNDIAL Watergate

Escándalo en Estados Unidos

El 17 de junio de 1972 1972 el periodismo norteamericano comienza a destapar el espionaje político conocido como Watergate

El 17 de junio de 1972 1972 el periodismo norteamericano comenzó a destapar el espionaje político conocido como Watergate. Fue uno de los mayores escándalos políticos de la historia de Estados Unidos. Aquella madrugada fueron detenidos cinco hombres en el complejo Watergate, en Washington, mientras intentaban instalar equipos de espionaje en la sede del Partido Demócrata. Lo que inicialmente pareció un robo menor terminó revelando una extensa trama de vigilancia clandestina, financiamiento ilegal, encubrimientos y abusos de poder que involucró a colaboradores del presidente Richard Nixon y desembocó, dos años después, en su renuncia.
Había transcurrido poco más de un año desde que Nixon iniciara su campaña para obtener la reelección. La Casa Blanca atravesaba un período de gran tensión política. La guerra de Vietnam continuaba generando divisiones internas, mientras crecían las protestas sociales y los enfrentamientos ideológicos. En ese contexto, distintos sectores vinculados al gobierno impulsaron operaciones destinadas a obtener información sobre adversarios políticos.
Poco después de las dos de la madrugada del 17 de junio, un guardia de seguridad del complejo Watergate, llamado Frank Wills, observó algo extraño. Había encontrado cinta adhesiva colocada sobre el pestillo de una puerta para impedir que se cerrara. La retiró, pero al regresar comprobó que alguien la había colocado nuevamente. Alertó entonces a la policía de Washington.
Los agentes llegaron al edificio vestidos de civil para no despertar sospechas. Al inspeccionar las oficinas del Comité Nacional Demócrata descubrieron a cinco intrusos escondidos en el interior. Llevaban cámaras fotográficas, equipos de escucha, micrófonos, herramientas para abrir cerraduras y dinero en efectivo. Los detenidos fueron identificados como Bernard Barker, Virgilio González, Eugenio Martínez, Frank Sturgis y James McCord.
La presencia de McCord llamó especialmente la atención. No era un delincuente común. Había trabajado para la Agencia Central de Inteligencia y además integraba el Comité para la Reelección del Presidente. Esa conexión comenzó a despertar sospechas acerca de posibles vínculos entre el allanamiento y la campaña de Nixon.
Durante los días siguientes, la noticia recibió una cobertura moderada. Muchos medios la consideraron un episodio policial más. Sin embargo, dos jóvenes periodistas del diario The Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, comenzaron a seguir las pistas que surgían de la investigación judicial. Sus artículos fueron estableciendo conexiones cada vez más sólidas entre los detenidos y figuras cercanas a la administración presidencial.
A medida que avanzaban las pesquisas aparecieron nuevos elementos comprometedores. Se descubrió que el grupo había ingresado anteriormente a las oficinas demócratas para instalar dispositivos de escucha y que la operación formaba parte de una campaña más amplia de espionaje político. También surgieron indicios de pagos secretos destinados a comprar silencios y obstaculizar las investigaciones.
Durante 1973 la situación se agravó. El Senado norteamericano creó una comisión especial para investigar el caso y transmitió las audiencias por televisión. Millones de personas siguieron las declaraciones de funcionarios, asesores y ex colaboradores presidenciales. Uno de ellos, John Dean, ex consejero jurídico de la Casa Blanca, afirmó que existía un plan sistemático de encubrimiento impulsado desde los niveles más altos del gobierno.
Ese mismo año apareció una revelación decisiva. Alexander Butterfield, funcionario de la Casa Blanca, informó que Nixon había ordenado instalar un sistema de grabación automática en el Despacho Oval. La noticia provocó una batalla judicial por el acceso a las cintas, ya que podían contener pruebas directas sobre la participación presidencial en el encubrimiento.
La Corte Suprema de Estados Unidos intervino en el conflicto y el 24 de julio de 1974 resolvió por unanimidad que las grabaciones debían ser entregadas a la justicia. Cuando las cintas fueron examinadas surgieron conversaciones que demostraban intentos de obstaculizar la investigación federal pocos días después del allanamiento al Watergate.
Ante la creciente presión política, la Cámara de Representantes inició el proceso de juicio político. Los cargos incluían obstrucción de la justicia, abuso de poder y desacato al Congreso. Mientras numerosos dirigentes de su propio partido retiraban el apoyo, quedó cada vez más claro que la destitución era probable.
El 8 de agosto de 1974 Nixon anunció por televisión que abandonaría el cargo al día siguiente. Se convirtió así en el primer presidente estadounidense que renunció a la presidencia. El vicepresidente Gerald Ford asumió el gobierno y semanas más tarde concedió un indulto presidencial que impidió cualquier proceso penal contra su antecesor.
El escándalo dejó decenas de condenas judiciales, reformas en las leyes sobre financiamiento político y una profunda desconfianza pública hacia las instituciones. También consolidó el prestigio del periodismo de investigación. El término “Watergate” pasó a convertirse en sinónimo de escándalo político y desde entonces su sufijo “-gate” comenzó a utilizarse en numerosos países para identificar episodios de corrupción, espionaje o abuso de poder.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Si habrán cambiado los tiempos.......los escándalos que les han destapado estos últimos años a Obama, Hilary y Biden dejan a Watergate convertido en una travesura de chicos.

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